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El Sadar: el mejor estadio del mundo y ejemplo para la nueva Romareda

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D.M.


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El 23 de febrero de 2019, el Real Zaragoza cayó derrotado en el viejo estadio del Sadar (1-0). Aquella fue la última vez que los aragoneses visitaron el coliseo pamplonés y ese mismo día, los socios de Osasuna decidieron el futuro de su estadio.

Apenas un año después, en junio de 2019, las máquinas comenzaban a trabajar en la reforma de el estadio para implantar el 'Muro rojo’ el diseño ganador de entre las opciones que se le presentaron a los socios. En octubre de 2021 el nuevo Sadar era una realidad plenamente funcional y ahora, a comienzos de 2022, el estadio ha sido nombrado como el mejor del mundo por el portal especializado Stadium Database.

Se trata de una breve cronología de como una instalación vetusta y obsoleta, con tan sólo diez años menos que La Romareda, puede convertirse en un estadio de nivel mundial en apenas tres años. Y todo por un coste asumible por el propio club, 23.3 millones de euros.

El Sadar, un estadio de titularidad pública

Parece claro que todo depende de la voluntad para llevar a cabo el trabajo. En el caso de El Sadar, el coste se ha asumido por parte del club, Atlético Osasuna, con el aval del Gobierno Foral de Navarra, aunque, según el amplio informe que presentó la entidad navarra, ya estaría pagado en su totalidad.

El Sadar es un estadio de titularidad pública, aunque con matices. Y es que fue entregado en 2014 a Hacienda como pago de parte de la deuda de la entidad. Además, el uso de las instalaciones se lleva a cabo de forma gratuita y los ingresos, tanto de publicidad como de arrendamiento de los espacios del estadio –cuenta con varios locales de hostelería– también van a parar al club.

Última visita del Real Zaragoza a El Sadar (Foto: Dani Marzo).
Última visita del Real Zaragoza a El Sadar (Foto: Dani Marzo).

Un coste de 990 euros por asiento

Aunque se presupuestó inicialmente en 16 millones de euros, la reforma de El Sadar se fue finalmente hasta algo más de 23. Un sobrecoste que responde a los problemas estructurales del recinto, que obligaron a ampliar los puntos a reformar, así como el ascenso del equipo a LaLiga Santander, que permitió añadir algunos extras.

Según el informe emitido, el coste por asiento del nuevo estadio es de 990 euros, con un aforo de 23.576 espectadores. Unas cifras que podrían situarse cercanas a las que se manejaban en los primeros esbozos del Ayuntamiento de Zaragoza, que manejaban unas cifras de entre 50 y 70 millones de euros.

El coste de El Sadar es el más bajo de las reformas realizadas en los campos españoles durante los últimos tiempos con ejemplos cercanos como el del Ciutat de Valencia, cuyo coste por localidad es de 1.150 euros; El Alcoraz, que se va hasta los 1.500; Balaídos a los 1.950; el Sánchez-Pizjuán a 2.100 y los dos grandes, Camp Nou y Santiago Bernabéu, cuyo coste por asiento supera los 6.000 euros.

En el caso de la nueva Romareda, desde el Ayuntamiento los últimos mensajes que llegan son que el coste del nuevo estadio podría situarse entre los 120 y los 150 millones de euros, lo que supone que cada localidad estaría valorada en unos 3.000 euros.

Un Sadar plenamente funcional

Entre los aspectos que se han valorado en la votación de El Sadar como el mejor estadio del mundo en 2021 se destacan, entre otras cosas de las nuevas instalaciones, la sala de prensa y espacios para los medios, la grada sur, equipada con 1.272 asientos plegables con soportes metálicos para la animación de pie, así como una zona VIP para 1.389 personas o las nuevas pantallas, las segundas más grandes de España por detrás de las del estadio del Levante UD.

Elementos, todos ellos, que convierten al nuevo estadio en una instalación del mejor nivel y que bien podría servir como ejemplo para la Nueva Romareda, cuyo objetivo es el de ser uno de los mejores estadios de Europa de cara al Mundial o los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030.

Para ello, eso sí, habrá que superar las disputas políticas ligadas a distintos intereses que han hecho que, pese a que exista un acuerdo entre el Ayuntamiento y el Gobierno de Aragón, el proyecto se haya quedado en suspenso durante los últimos meses. Y ya no se trata del cambio de prioridades que indicó el alcalde Jorge Azcón durante la pandemia, sino la imposibilidad de avanzar y el enroque de las partes entre renovar el actual estadio o llevarlo a otra zona de la ciudad, con el coste extra que ellos supone.

Mientras tanto, los aficionados del Real Zaragoza, que ya tienen bastante con el sufrimiento que les produce su equipo, tendrán que aguantar también la decadencia de La Romareda. Un proyecto eterno de renovación que nunca llega y que mira con envidia cómo sus vecinos dan la bienvenida a la modernidad en sus respectivos estadios.

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