Third Shift firma un viaje emocional y cargado de momentos preciosos al que le falta algo de chispa a los mandos
WILL: Follow the Light, un primer vistazo a esta inquietante aventura narrativa
Una autocaravana y un paisaje increíble en medio de un espectacular parque nacional. El escenario ideal para vivir una aventura narrativa para desconectar, hacer fotos o perderse sin saber bien a dónde nos llevará el viaje. Lo que ocurre es que Alfred, el protagonista, está para pocas vacaciones. Acaba de perder a su mujer y lleva el dolor a cuestas, acompañado de un mal humor que amenaza con ocupar toda la caravana.
Así arranca Forever Ago, la aventura narrativa de Third Shift publicada por Annapurna Interactive que invita a bajar las revoluciones, mirar alrededor y acompañar a alguien que necesita reconciliarse con la vida. Un juego pausado y repleto de emociones: aquí las conversaciones y los silencios tienen mucho más peso que nuestra habilidad con el mando.
Forever Ago se lanzó el pasado 8 de octubre y está disponible para PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC. Nosotrs lo hemos disfrutado en la consola híbrida de Nintendo.
Una cámara, un cuaderno y mucho por recordar
El motor del viaje es el diario que Audrey, su esposa, dejó preparado para él. Sus páginas nos llevan a lugares importantes para la pareja, con recuerdos que Alfred irá recuperando mientras intenta cumplir sus indicaciones. También llevamos una Polaroid para añadir nuevas fotografías al cuaderno. Buscar un encuadre, ajustar el enfoque y detenernos ante un paisaje mientras agitamos la fotografía instantánea para que aparezca la imagen (un gesto completamente inútil en la vida real) nos lleva através de una historia que nos pide prestar atención a las cosas pequeñas.
Lo bonito está en cómo se entrelazan el pasado y el presente. Los recuerdos muestran una relación con su cariño, su entusiasmo pero también sus desencuentros. Con cada parada comprendemos mejor al señor gruñón que tenemos delante, sus enfados y esa dificultad para aceptar que los sitios cambian aunque nosotros necesitemos encontrarlos exactamente como los recordábamos.
Por suerte, la carretera también trae compañía. Los encuentros con otros personajes abren pequeñas ventanas en su aislamiento, y una perrita acaba ganándose un sitio especialmente importante en el viaje. Su relación con Alfred aporta algunos de los momentos más tiernos de la aventura, sin necesidad de palabras de ningun tipo.
La dirección artística ayuda muchísimo. Los escenarios estilizados, los colores cálidos y el cuidado de los detalles convierten cada parada en un lugar apetecible para quedarse a vivir. La música acompaña con sensibilidad y refuerza esa mezcla de belleza y melancolía. Dan ganas de guardar algunas estampas junto a las fotografías del diario.
Las emociones van mas rápido que Alfred
A los mandos, Forever Ago es bastante más discreto. Caminamos, hablamos, examinamos objetos y hacemos fotos, con una interacción sencilla y poco espacio para experimentar. Esa calma funciona cuando descubrimos un rincón o escuchamos una buena conversación, pero hay desplazamientos que se hacen algo largos. Alfred lleva su ritmo, lento, y a veces apetece sugerirle que apriete un poquito el paso.
También se echa de menos más tiempo para desarrollar a algunos personajes secundarios. Tienen interés y aportan humanidad al recorrido, pero algunas relaciones avanzan demasiado deprisa y pasan sin pena ni gloria, perdiendo una oportunidad. Resulta curioso que una aventura tan pausada al caminar tenga tanta prisa por quitarse de encima algunos encuentros.
A ello se suman problemas con determinadas interacciones y algún tramo cuyo control introduce más frustración de la deseable. Son asperezas que interrumpen una experiencia muy dependiente de mantenernos dentro de su atmósfera.
Forever Ago deja un recuerdo agradable y agridulce. Su historia tiene mucha sensibilidad, su mundo invita a contemplarlo y el vínculo entre Alfred y su nueva compañera da sentido a muchas paradas. Le falta soltura como juego, pero consigue transmitir algo hermoso: todavía quedan personas por conocer, fotografías por hacer y motivos para volver a salir de casa.
Lo mejor:
- Un viaje emotivo, con una bonita evolución de Alfred y su compañera perruna
- Dirección artística y música que llenan de encanto cada parada
Lo peor:
- Interacción limitada y desplazamientos que lastran su ritmo
- Algunas relaciones poco desarrolladas y problemas puntuales de control e interacción

