Es Noticia
Pellegrini pare un Betis campeón y Miranda lo bautiza
  • Mi perfil
  • Salir
Copa del Rey
Real Betis Real Betis
1-0: Borja Iglesias, min 10.
Jornada 8
1-1
23 de abril de 2022
22:00
Valencia Valencia
1-1: Hugo Duro, min 29.

Pellegrini pare un Betis campeón y Miranda lo bautiza

DMQ

Un bético desde chiquitito había soñado jugar en Villamarín. Sus sueños se quedaron pequeños. Miranda, el chaval de Olivares, el niño de la cantera, el bético de carnet le dio la gloria a su Betis. Diecisiete años después del último título, el lateral convirtió el quinto penalti en la final de la Copa del Rey ante el Valencia CF, bautizando al Real Betis campeón que ha parido Manuel Pellegrini. El Plan del Ingeniero triunfó, dando a luz a un nuevo Betis que debe crecer con esa bendita identidad que le ha dado.

No ha sido prematuro, ha estado más de nueve meses en sus entrañas. En la mente y en el cuerpo de un veterano cuyo magisterio le ha cambiado la cara al equipo y al club. Pellegrini ha hecho historia. Ahora queda seguir alimentándola para ponerla a la altura de una afición que ha sufrido mucho y ya se merecía una alegría de esta envergadura. Las lágrimas del tercer anillo se derramaron por toda Sevilla durante el día, cayendo desde el cielo en la mitad de la ciudad que más la necesitaba.

La inmensa alegría que emanó de la zurda de Miranda se paseará por la capital hispalense orgullosa de haber tocado plata por tercera vez en el torneo del KO. El Betis lo hizo sin dar su mejor versión pero una más que suficiente para haberlo merecido. Fue mejor que el Valencia la mayor parte del partido, cuando el título se jugaba en el césped, y también desde el punto fatídico, cuando la suerte es la que manda. Este nuevo Betis fue el legítimo campeón. El verdadero protagonista de un partido épico. En él estuvo Joaquín, que levantó su segundo título copero que pone el broche a una carrera ahora más acorde a su calidad. Una figura que se retirará cuando él quiera, pero que este sábado en La Cartuja se ha podido poner a la altura que merece.

Un guion con varias vueltas

La película de esta cita histórica pudo quedarse en las primeras escenas, porque los actores parecieron querer ceñirse al guión con la fidelidad de un documental. El Betis competitivo y solvente de Pellegrini se fue desde el minuto uno a por el partido, lo único que sabe hacer. Y el Valencia se metió en su área con sus seis defensas a rezar a la Geperudeta por un brote de inspiración de Guedes. La Bordaleta se colgó del larguero, mientras el cuadro bético buscó la meta contraria con la naturalidad del que se levanta todas las mañanas mirando una portería. Lo que uno sabe hacer frente a lo único que el otro podía hacer...

El Plan del Ingeniero, frente al de un obrero del banquillo que está intentando hacer un edificio de un descampado de ruinas. Sólo la falta de acierto podía complicar un triunfo verdiblanco que se cotizaba bajo en las apuestas. Y a los diez minutos, Borja Iglesias remató solo un centro de Bellerín, encendiendo las luces del tercer anillo de Heliópolis. La fiesta de la mitad de Sevilla adelantaba sus ecos. El gol desquició a un Valencia parco en calidad. Lo dejó sin coartada y lo invitó a aferrarse aún más fuerte a su leit motiv: bronco y copero.

Hernández Hernández trató de que el partido no se le fuera de las manos. Incluso habló con Bordalás para serenarle. A los suyos no los serenaba nadie. Juanmi la tuvo para ponerle más verde al trofeo, pero el remate se fue dos metros fuera. El Betis tenía el partido donde había soñado. Nada podía salir mal. Sólo que apareciera el enemigo de (casi) siempre de este Betis: el propio Betis. Quizá faltó templanza desde el banquillo, aunque este equipo no sabe jugar de otra manera. Y sigue pagando sus errores individuales. Olió sangre y se fue demasiado pronto a apuntillar al rival. Y el rival, aún limitado, no es un equipo de Preferente.

Fekir trata de zafarse de varios jugadores del Valencia (Foto: Kiko Hurtado).
Fekir trata de zafarse de varios jugadores del Valencia (Foto: Kiko Hurtado).

Cuando había que tocar y tocar y tocar, el ansia viva de rozar la plata traicionó a los de Pellegrini. Una jugada en mediocampo que debiera haberse resuelto con una falta táctica, algo que el Betis sabe hacer, se convirtió en tragedia. La presión desordenada en el medio dejó que Soler la sorteara con un toque. Illaix se aprovechó de que Pezzella rompía el fuera de juego y Hugo Duro rebobinó la cinta hasta el principio, rematando con maestría ante Claudio Bravo. Decíamos hace un rato...

Los nervios se cambiaron de campo

Los nervios se cambiaron de campo. Aun así, Canales pudo revertir de nuevo el planteamiento, pero su tiro se topó con el palo. Bordalás había recuperado su coartada y el Valencia, la respiración. La serenidad tampoco pareció encontrar su sitio en el vestuario bético en el descanso, porque el Betis volvió al césped sin ser el Real Betis. De hecho, los che tuvieron tres oportunidades para haber dado la vuelta al marcador. El escudo también pesa y el del Valencia CF había cogido unos kilos en un ratito.

El fútbol es un estado de ánimo. El Betis se deprimió con un empate tan inesperado como evitable. Perdió el control, el balón y casi la ilusión. El Valencia acongojado, tosco y temeroso de la primera hora se vino arriba para dar paso a un equipo vertical y con empuje. Las tornas habían cambiado. El cuadro bético sufría sin balón y los valencianistas empezaban a quererlo. Lo peor era la sensación de vulnerabilidad de los de Pellegrini; lo mejor, que el rival amagaba más que daba.

Borja Iglesias se lamenta tras una ocasión fallada (Foto: Kiko Hurtado).
Borja Iglesias se lamenta tras una ocasión fallada (Foto: Kiko Hurtado).

Poco a poco, el Betis fue exorcizando sus nervios y reencontrando su espíritu. Borja Iglesias tuvo mucho que ver, aprovechando sus habilidades ante una feble defensa valencianista. Juanmi y Canales fueron sacando la patita del ADN Pellegrini. La competitividad y la solvencia renacieron en medio de un choque de ida y vuelta.

¿Quién había dicho que el Betis era favorito al noventa por ciento? Quien a buen seguro no habrá visto mucho fútbol. Ni mucho al Betis. Sus orígenes y su historia rezuman sufrimiento y coraje. Y a ellos debía encomendarse. Por ahí se llega a la gloria, al menos a la de las trece barras. Podía haber sido un paseo tras el gol de Borja Iglesias, pero ¿alguien se creía eso de verdad? Este Betis es capaz de cometer un error que meta en el partido a un rival muerto, de hecho le ha pasado muchas veces. Pero, muchísimo más, es un equipo solvente, honesto, competitivo y que juega muy bien al fútbol. Y eso también entra en la receta de la gloria.

Dos importantes errores arbitrales

Pareciéndose cada vez más a sí mismo, retomó el empuje, con Juanmi de nuevo erigido en Juan Miguel. La salsa del talento comenzó a aliñar otra vez el coraje y la entrega. Como tras el gol de Borja Iglesias, el Real Betis se fue comiendo la naranja che casi sin pelarla. Una de Juanmi fue al palo y Fekir desaprovechó otra porque su Dios no le dio el mismo talento en la pierna derecha que en la izquierda. El ímpetu del Valencia volvía también, aunque el árbitro le perdonó la segunda amarilla a Guillamón y se comió, con todas sus papas, un penalti de libro a Fekir.

Al menos el Real Betis se puso a la altura de la alevosía del rival y fue de verdad a cada lance. Borja Iglesias volvió a tener la llave del título, pero tardó un verano en disparar a puerta. También la tuvo el Valencia CF, con Carlos Soler muy indulgente, en un tramo final electrizante, propio de dos equipos lanzados por la pasión de una Copa. El minuto 93 llegó demasiado pronto, porque La Cartuja mascaba un gol que hiciera justicia al mayor dominio del Betis en el global del partido.

Álex Moreno se lleva un balón aéreo ante Carlos Soler (Foto: Kiko Hurtado).
Álex Moreno se lleva un balón aéreo ante Carlos Soler (Foto: Kiko Hurtado).

Prórroga a la ilusión

La prórroga llegó poniendo pausa a la vorágine competitiva. El partido volvió intenso, pero sin la ferocidad del choque de trenes de los últimos minutos. Las fuerzas ya no daban para eso. El Valencia CF se resignó a defenderse a la espera de la ruleta de los penaltis, mientras el Real Betis seguía erre que erre a lo que le gusta: jugar para ganar. Con lo que quedara. Joaquín, que apenas había podido brillar en el ratito que tuvo antes del final de los noventa minutos, lo intentaba, aunque la fuerza del Betis también estaba mermada.

La especulación del cansancio se apoderó de un partido roto. Bryan Gil era casi la única preocupación que le restaba al Betis. No obstante, Pellegrini tenía que suplir a Fekir justo después de haber sacado del césped a Canales. La fuente de creatividad bética también quedaba muy mermada. La sociedad ilimitada del talento que forman el cántabro y el francés dejaba a los verdiblancos en una dimensión más cercana a la valencianista.

Diecisiete años de espera sostenían la ilusión del Betis y de los béticos. Nadie quería la lotería del punto fatídico y menos sin Fekir ni Canales entre los lanzadores. Pero apenas quedaba aliento para más. Los minutos pasaban entre contragolpes destartalados e imprecisiones de falta de energía. Dentro de la locura, el Valencia parecía incluso más cuerdo, si bien sus intentos eran pólvora mojada.

Los jugadores béticos, apiñados antes del comienzo de la prórroga (Foto: Kiko Hurtado).
Los jugadores béticos, apiñados antes del comienzo de la prórroga (Foto: Kiko Hurtado).

La tanda de penaltis

El fútbol se acabó y le pasó el turno a la suerte. Cuando los pies son pistolas, cuando el portero puede ser héroe o villano bajo los tres mismos palos, la incertidumbre gritó fuerte al silencio de La Cartuja. Carlos Soler la puso donde nadie llega. Willian José engañó al portero che y Racic hizo lo propio con Claudio Bravo. Joaquín le encogió el alma a los béticos, pero la metió con angustia. Guedes burló también al meta bético. Aquí nadie falla.

Guardado sacó de la zurda cuarenta años jugando al fútbol. Y entonces llegó Musa...el chaval la embarcó y el grito del beticismo se escuchó en Valencia. Demasiada responsabilidad para su juventud. Tello lo bordó e hizo bueno el fallo del valencianista. Gayá era el primer match ball para el Betis, pero se negó a entregar la cuchara.

El corazón del beticismo en los pies de un bético. Toda una vida atado a unos colores para darle la gloria desde Olivares. Miranda cogió el balón y lo miró con ojos de trece barras. Mandó al portero del Valencia a la puerta 17 de La Cartuja y se arrodilló para besar el césped y tocar la gloria. Y el Betis ganó su tercera Copa del Rey. Y el tercer anillo del Villamarín lloró. Y Heliópolis gritó Alé Alé, a Plaza Nueva hay que volver.

2 comentarios
Escribir comentario 2 comentarios
Deja una respuesta

Información básica de Protección de Datos:
Responsable de los datos: El Desmarque Portal Deportivo, S.L.
Finalidad: con la que se tratan sus datos personales: gestión de comentarios en el blog.
Derechos que le asisten: podrá acceder, rectificar y suprimir los datos, así como revocar la autorización para el tratamiento de los datos, ejercitar los derechos de limitación, portabilidad, y a no ser objeto de decisiones automatizadas dirigiéndose por escrito a la dirección: legal@eldesmarque.com.
Información adicional: puede consultar la información detallada en el siguiente enlace: https://www.eldesmarque.com/politica-de-privacidad (apartado “Gestión de comentarios en foros y blogs”).

Cancelar

  1. Ratón Colorao

    Enhorabuena a los beticos,a disfrutar. Saludos desde el mejor club de toda Andalucía

  2. Miguel

    Que no hombre que no que dijo Ordoñez que este hombre venía a tomar el sol....que visionario

Cargando

Has preferido rechazar las cookies, regístrate para acceder al contenido

El registro permite navegar rechazando el aviso de cookies, pero no implica dejar de recibir publicidad ni acceso a contenido o ventajas exclusivas. Si ya estás registrado, haz click aquí para acceder.

Recuerda que tienes la opción de aceptar las cookies para acceder al contenido sin registrarte