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Jugador número 12

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Los jugadores del Liverpool, abrazados mientras escuchan a la afición en Anfield.
Los jugadores del Liverpool, abrazados mientras escuchan a la afición en Anfield.

Vivimos momentos complicados y difíciles, un panorama lleno de incertidumbre que afecta a toda la sociedad por igual. La crisis del COVID-19 ha golpeado con fuerza la rutina de nuestras vidas, de un plumazo hemos visto como aquellas cosas que formaban parte de nuestro día a día ahora no están a nuestro alcance. Un duro revés para todos nosotros.

Las actividades sociales y los eventos multitudinarios han quedado cancelados, la cuarentena nos obliga a estar en nuestros domicilios y salir a la calle únicamente en casos justificados. El entretenimiento es una fuente de distracción en estos tiempos, pero la situación ya no es como antes.

El fútbol se ha visto afectado por la crisis sanitaria existente, como no podía ser de otra forma. El mayor espectáculo del mundo, el deporte rey, se ha visto obligado a parar su actividad, lo que ha provocado un colapso importante de esta industria del entretenimiento que hay montada alrededor del balón.

Las consecuencias económicas azotan a los clubes y federaciones, las fuentes de ingreso disminuyen y las entidades son incapaces de seguir adelante. Sin fútbol no hay derechos televisivos e ingresos, los patrocinadores abandonan la causa, todo se descontrola. Ahí es cuando la idea que muchos hemos creído firmemente durante mucho tiempo se confirma ahora, sin aficionados el fútbol no es nada.

La afición del Unión Berlín en las gradas de su estadio.
La afición del Unión Berlín en las gradas de su estadio.

Sin público no hay espectáculo

Es obvio que el fútbol pasa a un segundo plano, la salud prima en estos momentos, el bienestar social y económico de la sociedad es la única prioridad dada la situación que vivimos ahora mismo. Pero no por ello debemos de dejar de lado una realidad cuando todo vuelva a ser como antes.

De qué sirve una obra de arte en un museo si no hay visitantes para apreciar la belleza y el trabajo realizado por el pintor, o una gran producción cinematográfica sin espectadores que consuman la película. No sería rentable, no sería lo mismo. Al fútbol le pasa lo mismo sin el aficionado.

Hay muchos de nosotros que consumimos fútbol por trabajo y por ocio, más allá de entretenimiento, casi como una manera de vida. Fútbol nacional e internacional que terminan por marcar la rutina de nuestras vidas y que hacen los días especiales, esperando a que llegue el momento del partido. Algunos, como un servidor, sabemos que día de la semana es gracias a este deporte. Puede que sea triste, pero es cierto.

Ahora nos encontramos con un escenario inimaginable hace unas semanas, no hay fútbol, se ha parado de chutar a un balón porque ahora no es lo principal, hay cosas mucho más importantes. Pero reflexionando y observando los hechos detenidamente, nos damos cuenta de que con las gradas vacías en los estadios no hay rentabilidad.

Cabe recordar que antes de que las competiciones cesaran su actividad, la opción que se manejaba era disputar las siguientes jornadas a puerta cerrada. Una alternativa que no gustaba a los clubes, puesto que muchos perderían el factor campo, es decir, la afición no podría estar ayudando al equipo en su propio estadio. Parece una tontería, pero eso dice mucho de lo importante que es el apoyo de una hinchada para que un partido se pueda declinar de un lado u otro.

La afición del Galatasaray en las gradas.
La afición del Galatasaray en las gradas.

Curioso, pero una entidad puede llegar a preocuparse e indignarse si de local no puede jugar con su público. Este hecho demuestra que la afición sí puede marcar un gol y evitar que encaje su equipo, a través de canticos, tifos, lágrimas, gritos, aplausos y recibimientos al autocar del equipo. Las gradas consiguen puntos en la clasificación, fondo físico para sus jugadores y también títulos. Casi nada.

Es difícil creer que los derechos televisivos fueran posibles si se vendieran partidos sin público, con gradas sin bufandas, banderas y el grito de un gol, ese estruendo que es capaz de poner en pie a miles de personas y que altera las pulsaciones de la gente que vive este deporte como algo personal que va más allá de la lógica. Cantar un gol, la esencia más pura de este deporte.

Al estar en casa uno puede reflexionar mucho, puede pasar suficiente tiempo pensando en muchas cosas. Yo leo fútbol y veo partidos repetidos para matar el tiempo. Me doy cuenta de que quizás no estamos cuidando al aficionado como se merece. Se nos llena la boca hablando de las aficiones y lo importantes que son para los equipos de fútbol, pero hay pocos hechos. Las palabras se las lleva el viento, ocupan portadas y titulares, pero si no se llevan a la práctica la veracidad de las mismas se vuelve inerte.

Sin público no se venden entradas ni existen socios o abonados, lo que provocaría ver gradas vacías y menos derechos de televisión. Al mismo tiempo, los patrocinadores no encontrarían rentable el fútbol, de nada sirve la publicidad si nadie la ve. Todo ello se traduciría en pérdidas millonarias para los clubes de fútbol, el sector no podría seguir delante de la manera en el que lo conocemos ahora.

Puede que todo este problema en el que nos vemos envueltos sirva para aprender a valorar muchas cosas de nuestra vida cotidiana. Tomar algo con nuestros amigos, salir de fiesta, coger un bus, hacer la compra, practicar deporte, ir a clase… todo aquello que ahora añoramos. Y el fútbol es una de esas cosas.

Es probable que ahora nos demos cuenta de la importancia que tiene el famoso ‘jugador número 12’, lo vital que es para que el mundo del fútbol siga en funcionamiento y siendo rentable, pues la hinchada es el sustento de este espectáculo. Hasta ahora no hemos mimado a los aficionados como se merecen.

Durante todo este tiempo hemos visto precios desorbitados en las entradas, horarios irrespetuosos, equipos herméticos en sus ciudades deportivas y de cara a su gente, un aislamiento terrible y una falta de transparencia y cercanía terrorífica de cara al público. Todo esto separa, no conecta.

Aficionados del Crystal Palace en Selhurst Park.
Aficionados del Crystal Palace en Selhurst Park.

Es el seguidor el que se desvive por su equipo, un sentimiento que trasciende de lo lógico, que se encasilla en los sentimental. Hay gente que cuando su equipo gana parece que tiene la hipoteca pagada, la nevera llena de comida, las deudas pagadas y las cuentas del banco a rebosar. La derrota en cambio te hunde el día. Así es el fútbol, no hay explicación racional para hacerlo entender.

Hecho de menos ver las ligas internacionales, ver los clubes de la región, hasta saber como ha quedado el equipo de mi pueblo. También los periodistas deportivas vivimos del hincha. Sin el seguimiento de las noticias en los medios de comunicación vemos como el trabajo empieza a desaparecer en esta profesión. El coronavirus no hace distinciones, nos afecta a todos.

Se manejan varias opciones para que la temporada de fútbol finalice, entre ellas una alternativa sería jugar los encuentros que restan a puerta cerrada, lo que no gusta a la gran mayoría. Los clubes saben que la competición quedaría condicionada sin la entrada de aficionados en los campos, las pérdidas seguirían siendo importantes. Las consecuencias dejarían tocado al fútbol, sería todo descafeinado, amargo.

Estoy convencido de que saldremos más fuertes como sociedad tras este varapalo en forma de virus. No me cabe duda. También espero que nos demos cuenta de lo importante que es el ‘jugador número 12’ en el fútbol, en esta empresa que genera cifras mareantes de dinero, ya que por un momento se había propuesto jugar los encuentros a puerta cerrada y cundió el pánico. Que esta crisis nos enseñe a valorar lo realmente importante a todos los niveles, empezando por la salud y los seres queridos.

Por favor, cuidemos al aficionado. Gracias.

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