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Eurocopa
Croacia
Pedri (pp.) (min. 20)
Orsic (min. 85)
Pasalic (min. 90+2)
Jornada 1
3-5
28/06/2021 18:00
España
Sarabia (min. 38)
Azpilicueta (min. 57)
Ferran Torres (min. 77)
Morata (min. 100)
Oyarzabal (min. 103)

España se divierte en el tiovivo

Expandir v

El término tiovivo es un invento español. Una terminología que dice la leyenda y la historia que viene de un carrusel que había en Madrid y que regentaba un tal Esteban en 1834. Una pandemia de cólera azotó España por entonces y a Esteban lo dieron por muerto. De hecho lo llevaban a enterrar cuando el buen hombre empezó a gritar, dicen las crónicas, "estoy vivo, estoy vivo". Y de ahí que el tío vivo que regentaba ese carrusel diera nombre a esa atracción, de carrusel a tiovivo. Por eso será que los españoles se sienten tan cómodos en el tiovivo, esa mezcla de sensaciones, que ahora sube, que ahora baja. El partido ante Croacia fue un auténtico tiovivo. En el que España tuvo que gritar varias veces eso de "estoy vivo". Revivió tras el 0-1 con el fallo de Unai, pero sobre todo revivió cuando parecía que se venía abajo con el 3-3 y la prórroga.

De esa forma ha firmado España su pase a cuartos de final de la Eurocopa tras un partido bastante loco, y divertido, dicho sea de paso, en el que la selección de Luis Enrique demostró su inmadurez a la vez que ganó en madurez. Solventó sus propios errores con arranques de personalidad y carácter, precisamente lo que se le demanda a esta España. Hasta acabar crecidos en una prórroga que pudo deparar hasta una goleada final. La Roja vuelve a alcanzar unos cuartos de final tras 9 años, la última vez que lo hizo fue en una Eurocopa, la de 2012, para acabar siendo campeona. Brasil, Francia y Rusia vieron tropiezos en fase de grupos y octavos de final por dos veces.

Un arranque hacia arriba

La primera parte de España en términos generales fue bastante buena, quitando 15 minutos de luto tras el 0-1 y quitando las actuaciones del portero, Unai Simón, y del delantero centro, Morata. Salvo ellos dos, precisamente dos jugadores en puestos clave del equipo, el nivel medio del equipo fue más que decente. Por encima del resto, como ante Eslovaquia, Busquets y Sarabia. Algo por debajo del resto, un Eric García muy blando.

La selección española jugó unos primeros 20 minutos bastante buenos. Dominaba, pero conjugaba control con verticalidad, con profundidad. Busquets y algunas apariciones de Pedri ayudaban. Los pases eran rápidos, las posesiones, también, no más de dos o tres toques, y había incluso opciones para el uno contra uno, que Gayá, Sarabia o Ferran intentaban jugarse. La realidad es que ese mejor juego se tradujo en dos claras ocasiones, una de Koke bastante flagrante, que estrelló en el meta croata, y otra no menos clara de Morata de cabeza a pase de Ferran. El 9 de España se la mandó... a Vida, a su mano, más concretamente. Se quejaba el delantero por un penalti que no era, cuando debió lamentar su horrendo remate.

El fallo de Unai Simón y hacia abajo

En todo caso, ese perdón español tampoco era equiparable a lo que sucedió en el minuto 20 de partido. Una cesión, o pase, de Pedri desde el centro del campo a Unai Simón se convirtió en 1-0, porque el meta no acertó a controlar la pelota, y esta entró mansamente en la portería. Carne de meme, carne de ridículo, carne de palo. Eso fue lo que se llevó España, que tardó 15 minutos en despertarse, en reaccionar, minutos en los que Croacia incluso tuvo alguna oportunidad, de Vlasic.

Pero despertó España. Coincidió ese despertar con el cambio de banda de Sarabia y Ferran. El exsevillista actúa siempre de manera mucho más incisiva partiendo de la derecha, sobre todo porque tiene disparo, tiene pase, tiene gol, y aunque tardó media hora Luis Enrique en apreciarlo para este partido, el cambio fue determinante. El madrileño empezó a intervenir y combinar y rematar. Él fue quien acertó a meterla en una jugada larga con remates de Pedri, Gayá, rebotes... hasta que la cazó en el área.

Hasta el descanso España siguió con su mejora y combinaba de nuevo, como en los primeros minutos. Arriba Sarabia se crecía y Morata empequeñecía. Malas decisiones que frenaban el ataque español.

Para arriba España hasta el 1-3

Croacia salió bastante más briosa en la segunda mitad. Más presión, más velocidad, más llegadas. Pero curiosamente fue contraproducente ese arranque de agresividad para los balcánicos. Porque España supo buscar las cosquillas a ese ímpetu mal gestionado. Se fue a presionar Croacia tan arriba, que la selección española hilvanó una magnífica jugada desde atrás, desde Unai Simón, que pese a los pitos de la grada, pese a la presión y al nerviosismo, tuvo el temple para sacarla jugada y potenciar una salida de la pelota bien gestionada por Azpilicueta de principio a fin. De hecho, el lateral del Chelsea despejó la jugada para llevarla hasta Pedri, que se la dio en ventaja a Ferran y este la puso de cine para que el mismo Azpilicueta, que se recorrió con fe esos 60 metros, llegara como un auténtico 9 a rematar de cabeza y hacer el segundo.

Esos minutos siguientes fueron buenos de España, pero poco a poco, con los cambios también, Croacia se fue viniendo arriba, a pisar área. Hasta el punto de que con el 1-2 Simón salvó con una buena mano el empate.

Morata celebra el 3-4 de España a Croacia (Foto: EFE).

El partido estaba en ese punto cuando una acción de listos, de inteligentes, generó el tercero. Pau Torres fue rápido, nada más salir al campo, y vio a Ferran en la otra punta del campo solo. El pase largo, y el pasillo que le dejó Gvardiol, permitieron que el jugador del City se quedara y definiera solo. El 1-3 parecía ya definitivo, parecía demasiada losa para una Croacia bastante discreta hasta entonces en la que ni siquiera Modric aparecía. Pero un despiste defensivo, una aparición casi exclusiva del madridista fue el germen de un gol que apretó el resultado en los minutos finales.

Y con los cambios, España para abajo...

Croacia, mejorada bastante con los cambios, a más físicamente ante una España que parecía menguar, ganó con la presencia de Pasalic y Budimir, que le dieron presencia en el área. Apretó en los minutos finales con el equipo totalmente arriba, hasta aprovechar la bisoñez de la zaga española. Una zaga que vio cómo se lesionaron dos de sus componentes, Eric y Gayá, y en la que Pau se comió la entrada de Pasalic como un tren para rematar de cabeza y lograr el empate.

... y la prórroga para arriba por fin

Contra todo pronóstico, España firmó una prórroga muy autoritaria. Anímicamente parecía la selección más hundida que la croata, y el inicio con una nueva parada salvadora de Simón parecía confirmar esa sensación. Pero la cuestión fue que en cuanto España se aposentó, cuando España acabó con su agobio de los minutos finales y pensó de nuevo en la pelota más que en el rival, marcó de nuevo las diferencias. Una Croacia muy volcada pero desdibujada hizo aguas atrás para que Dani Olmo, desacertado hasta entonces, se erigiera en asistente de lujo. Primero a Morata, que pareció enviar todos sus fantasmas a la red con un trallazo tras un marcaje desajustado y un control en el área. Y luego a Oyarzabal, que mató el partido ya sí definitivamente con un quinto gol, 3-5.

La segunda parte, ya con Croacia partida y derrotada, pudo incluso acabar en mayor goleada. Acabó con el 3-5 que deja un buen sabor de boca, muy dulce, pero que también evidencia lo que es esta España hoy, capaz de cosas muy buenas, capaz de cosas muy malas, una auténtica montaña de sensaciones, de juego, de goles incluso. Mientras ese tiovivo acabe con el caballo arriba, bien estará.

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