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La despedida de Álex Bergantiños del Deportivo en Riazor: entre lágrimas y con beso final al césped

La despedida de Álex Bergantiños del Deportivo en Riazor: entre lágrimas y con beso final al césped
Cubro el día a día del RC Deportivo de la Coruña

El Teresa Herrera no solo servía para homenajear a Bebeto y Mauro Silva, también para decir adiós al octavo jugador que más veces ha vestido la camiseta blanquiazul: don Álex Bergantiños. El eterno capitán dijo adiós definitivamente sobre el césped de Riazor, junto a su mujer e hijos, besando por última vez el tapete verde en el que tantas veces fue feliz. 336 partidos oficiales y más de dos décadas. El chaval de la Sagrada se convirtió en rostro, capitán y símbolo del deportivismo.

En el vídeo que encabeza esta noticia, el homenaje a Álex Bergantiños en Riazor

Dos homenajes se quedan cortos para un jugador del legado de Álex Bergantiños. Uno, a los 20 minutos, cuando después de salir titular abandonó el campo por primera vez. Con pasillo de compañeros y rivales y encontrándose con su familia, que le aguardaba al final del corredero.

Y otro al descanso. Álex Bergantiños volvió a saltar al césped una vez más. De nuevo enfundado con la blanquiazul que momentos antes le habían prestado para que la 'canarinha' no tapase el momento. Ante su gente, con un vídeo que repasaba su inmejorable trayectoria y con un Riazor volcado en su capitán.

Gracias eternas, Álex.

Álex Bergantiños, el pendón del Deportivo que sujetó la corona blanquiazul

Sirvan estas líneas como homenaje -incapaz- para abarcar la figura de Álex Bergantiños, cabeza que guarda la llave de A Coruña y pendón de un escudo que pierde ahora una parte. El último gran capitán blanquiazul que ha vivido la época más difícil y, aun así, nos ha ayudado a todos a levantar la rodilla del suelo una y otra vez. Gracias eternas, Álex.

La carrera de Álex Bergantiños es esas que te enseñan a no rendirte jamás. Para él todo ha sido una carrera a espaldas del tiempo, como si los relojes jamás importasen y los calendarios fueran meras fechas plasmadas en un papel. Llegó tarde al club de sus amores, en edad juvenil, pero más tardaría en debutar. Su primera convocatoria llegó en un partido aislado allá por 2004, pero no fue hasta 2011 cuando pudo estrenarse. Tenía 26 años y por el camino muchos ya se habían rendido. Él, de la Sagrada Familia de toda la vida, no lo iba a hacer. Vivió cesiones, casi destierros y ostracismo. Pasó por Xerez, Granada o Tarragona. Para otros una odisea de la que no levantarse. Para Álex, parte del camino. Desde entonces ha sellado su legado con 336 partidos, entrando en el top10 de futbolistas con más encuentros disputados.

A Álex solo se le pueden dar las gracias. Por defender el escudo durante dos décadas, pero sobre todo por hacerlo en los momentos más difíciles. En el recuerdo no quedarán trofeos como aquellos con los que soñó de niño. Aquellos que levantó Fran, de quien recogió un testigo que había quedado perdido en el limbo. Al deportivista le faltaba un representante y lo encontró en aquel '4' que nunca fallaba, que siempre estaba.

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