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La sonrisa de Fekir y el aura del ganador

Periodista especializado en fútbol y baloncesto.

La sonrisa de Fekir es la sonrisa de este Real Betis. La que mostró el gesto del franco-tunecino a pocos minutos del final del choque ante el Ferencvaros en la segunda jornada de la fase de grupos de la UEFA Europa League es la misma que tenían los béticos, en Budapest y en sus casas. Es el aura del ganador, que ríe ante la felicidad en la que se ha instalado el equipo y, por ende, el club. Los directivos tienen motivos para festejar con los aficionados, porque este Betis gana hasta cuando no juega bien. Incluso, cuando sigue cometiendo errores de bulto.

Fekir volvió a demostrar, un partido más, su compromiso y la tremenda calidad que atesora. No ya por el golazo que se sacó de la manga en medio del área como si estuviera en una pachanga con los colegas, sino por la trascendencia y el peso que su presencia futbolística tiene en el Real Betis. La quiere siempre y donde haga falta, protege la pelota como si fuera su madre y tiene la chispa y la visión que ayer le faltaron a la mayoría de sus compañeros.

Todo es más fácil con el franco-tunecino en el césped. Y él lo sabe. Su primera temporada y media en Sevilla no le trajo lo que está viviendo desde enero de este año. Su talento es la punta del iceberg que ha plantado Manuel Pellegrini en el descampado de Heliópolis y allá donde vaya a jugar su equipo. En un partido gris, sobre todo comparado con los últimos, se llevó el triunfo guiado por él pese a lo feo que se había puesto el panorama por el debe de siempre, los problemas en defensa. Uno en este caso, pero de una envergadura tremenda.

Feo panorama tras el error de Pezzella

El error de Pezzella lo cambió todo. Más allá del valor psicológico que suele tener un gol al borde del descanso, la pifia del central empoderó al Ferencvaros, que adelantó su defensa y empezó a cogerle el gusto al dominio con la pelota. Del equipito pequeño y dubitativo que se vio en casi toda la primera mitad, pasó a ser un bloque apañadito, menos timorato y envalentonado, sabedor de que su experiencia continental y el apoyo del público podían sacarlo del hoyo.

Al Real Betis, lógicamente, le pasó justo lo contrario. Tras moverse muchos minutos en la sensación de que se iba a ir de Budapest por el puente más grande, se vio en la tesitura de tener que pelear más de lo previsto hasta el fatídico minuto 44. En este caso, las rotaciones no dieron la medida que habían estado dando hasta ahora y el equipo lo notó. Pellegrini se dio cuenta de que Joaquín no es de izquierdas, de que Borja Iglesias no estaba inspirado y de que, con una tarjeta amarilla, el empuje de Paul podía dejar al equipo fácil con uno menos.

Aparte de la fiabilidad de Willian y la enésima oportunidad para Tello, el chileno se aferró a uno de sus faros: Guido Rodríguez, probablemente el futbolista más regular e importante de este Betis 2021-22. Una vez más, acertó Pellegrini. Sin grandes alharacas, pero el Betis contuvo los pocos efluvios ofensivos del Ferencvaros lo suficiente como para poder recuperar la ventaja en un córner bien sacado por Fekir. Pezzella no metió el gol, aunque sí uno de los dos defensas que estaban pendientes de él. Fue la pequeña redención del argentino, quien, no obstante, debe retirarse al rincón de pensar al menos unas cuantas horas.

A partir de ahí, se volvió al principio, a un Real Betis con el control más firme con la jerarquía de Guido en mediocampo. La apuesta del chileno por Tello también funcionó y su velocidad se tradujo al final en el gol que terminó de matar el partido. Fekir se abrazó a sus compañeros y volvió a sonreír. Como el Betis, como los béticos.

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