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El gol de La Rosaleda

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Cuando Juande marcó el gol del empate ante el Lugo, en plena ebullición malaguista, la reacción espontánea y visceral del cordobés y varios de sus compañeros -Orlando Sá, Joaquín Muñoz, Cristo o Calero- fue la de festejar a un palmo de la valla que separa el terreno de juego de la grada. Buscando el calor que hace tiempo que no está. Brazos al viento, gritos de rabia, miradas al cemento. Queriendo encontrar esa pasión que en La Rosaleda se siente de forma diferente. Ni mejor ni peor, simplemente diferente. La orfandad de las gradas se padece en todas partes, es tan excusa para unos como para otros, pero ayer fue de esos días en los que se añoró hasta el extremo al malaguismo. Horas después del empate, aún con el subidón vivido por obligación entre cuatro paredes, se repite una pregunta: ¿Qué hubiera sido del partido tras el 2-2 con La Rosaleda llena?

Es imposible de averiguarlo, tanto como reprimirse las ganas de estar en Martiricos cuando el equipo tiene uno de esos arreones como los de anoche. En el campo, los futbolistas siguen teniendo gestos automáticos que por desgracia aún no obtienen respuesta. Además de esa mirada a la grada tras el 2-2, si se echa un vistazo a la celebración del 1-2, Juande mueve sus brazos arriba y abajo mirando hacia las butacas como queriendo pedir más aliento en busca de la remontada. Sale solo, qué bonito va a ser cuando vuelva a ser correspondido. De momento, toca aguantarse y soñar con lo que podría ser y aún no es. "Con público, ese tercer gol hubiera entrado", dijo tras el partido Pellicer.

Juande, Orlando Sá, Joaquín y Cristo festejan el 2-2 ante el Lugo (Foto: Málaga CF).

Un mensaje que se multiplicó en redes sociales, por ejemplo en boca -o más bien en los dedos en este caso- del capitán Luis Muñoz. Alguien que, posiblemente, sabe mejor que nadie de lo que es capaz La Rosaleda cuando ruge y retumba. "Nos ha faltado la ambición para el último empujón", comentó en Twitter. Hasta Orlando Sá, que no ha sentido el poder del malaguismo, reflejó: "Una pena que no tuviésemos al malaguismo a nuestro lado. Con vosotros habríamos sumado los tres puntos seguro. También Ramón se sumó a lo que de momento sigue siendo una ilusión: "¡Ojalá ayer La Rosaleda llena!". Pues sí, ojalá. Parece de otro tiempo ya aquel 8 de marzo, cuando Martiricos aulló por última vez ante el Zaragoza. A las puertas de darle una patada en el trasero al 2020, el deseo para 2021 de todo malaguista está claro: volver a vibrar en La Rosaleda.

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