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El Athletic de Valverde sobrevive a la magia canaria con la eficacia soñada

Kuitxi Pérez

Qué victoria tan importante y sufrida. Como maniatar a un mito y derrotarlo. Ser capaces de apagar su fulgor. Que el sol no brille y la luna se olvide de salir. Que la UD Las Palmas pierda su memoria. Que la tarde le resulte áspera, como en aquel Insular en el que el Athletic Club se proclamó campeón luego de encajarle a los de Gran Canaria [1-5] la goleada perfecta. Teniendo en cuenta antecedentes de tanto peso y calado como los que van a entrar en escena, todos ellos favorables al club propietario del terreno de juego, no sería descabellado pensar que el titular con el que abría este Desmarque Bizkaia tan de mañana era, a su manera, la 'Crónica de una victoria anunciada'.

He aquí su atrevimiento. Como subirse a la gabarra sin haber vencido al Real Mallorca en la Cartuja ni derrotado a la UD Las Palmas: "La fortuna del Athletic en el Insular trasladada a la final de La Cartuja"...

Ernesto Valverde, pensativo ante la UD Las Palmas (Foto: Athletic Club).

El caso es que el 'Athletic de Valverde' se impuso [0-2] a la UD Las Palmas de 'su amigo' García Pimienta tras un partido del todo disímil a aquel que dirigió Javier Clemente en la primera de sus dos ligas ganadas. Si aquella victoria se produjo por aplastamiento, esta de un domingo 10 de marzo de 2024, 16:15, una hora menos en Canarias, ha llegado como lo hacen las cosas que no tienen mucho sentido. Tal vez la necesidad. Las urgencias de un entrenador que, por fin, le ha perdido el miedo a 'Europa' hasta el punto de que en su segundo, Jon Aspiazu, ha encontrado el aliado perfecto para consumar con éxito un 'Rapto' tan sonado.

Como al tanto de los jugadores que convirtieron esta tierra en un 'Templo sagrado del fútbol', Valverde se viene arriba al ser consciente de la magnitud de la victoria. De rehuir logros, de evitar metas impuestas, Ernesto, a pesar de que, jugando a domicilio, su condición era la de 'visitante', en sala de prensa le ha dado por 'tirar la casa por la ventana'. Aparta su prudencia y proclama a los cuatro 'vientos africanos', "No renunciamos a nada; tampoco a ir a Champions". Se crece, y de qué manera, el 'fotógrafo de Vitoria - Gasteiz'. Y si lo hace, en nada le ha ayudado el cómo de la victoria de sus leones.

La afición zurigorri estuvo a tope ante la UD Las Palmas (Foto: Athletic Club).

El [0 - 2] no le ha movido a engaño. Txingurri sabe que la UD Las Palmas es un equipo que le ha exigido como ninguno. Ya sucedió en la ida de San Mamés. Choque que llegaba a su final empatado [0- 0] hasta que Unai Gómez, que había saltado del banquillo, se lanzó en plancha con tanta furia que no se pudo saber si lo suyo fue testarazo o zarpazo.

Advertido llegaba Valverde con su Athletic. Sabedor de que García Pimienta se había convertido en heredero de aquel Luis Molowny que, allá por 1968, logró el milagro de convertir a la UD en un equipo de juego "pausado, calmado, increíblemente técnico". Y que verlos jugar era "una delicia".

En 1972 visitaron Las Llanas para medirse al Sestao Sport en una eliminatoria de Copa. Recuerdo la tarde noche. Llovía. El 'River' ganó [2 - 0]. Pero no pudo medrar al ser volteada su renta en la vuelta del Insular. Podría ser que faltaran algunos de sus artistas de [1968]. Hago recuento...

El gol en propia de Saúl Coco ante Las Palmas (Foto: Athletic Club).

Guedes, "el Mariscal". Tonono, "la serenidad". Germán, "el Maestro". Gilberto y "su pundonor". Aparicio y "su trabajo". Castellano y "la precisión". Innovadores. Cantera donde se picaba fino y se fichaba bien. El fútbol entendido como arte. Un once en el que habría encajado de lujo Sarabia, el "orfebre de Gallarta". De Gallarta, también, García de Albéniz, al que Valverde no le dio la opción de que, con su concurso, evitara la enésima recaida de Yuri Berchiche.

Y ya que sacamos nombres a concurso, hablemos de una zaga que se movió en la zozobra provocada por un doble medio centro que no acaparaba balón. Por delante, Iñaki y Sancet. Partiendo desde la izquierda, Nico Williams: un 'poco' del 'cohete de ebano' fue suficiente para que Guruzeta, 'el hombre que buscaba las espaldas de sus marcadores', cabeceara de cine gozando de total libertad en el segundo palo.

Fue así como, tras un primer acto en el que el Athletic no pudo ser el que Valverde desea, y la UD Las Palmas, inducida por García Pimienta, tratara de plasmar en el verde retazos de aquellos días de gloria de finales de 'los sesenta', el vestuario visitante recibió a un equipo ganador, y el local, a un cuadro que a perder se resistía intentando poner en liza aquellos conocimientos que en la 'Escuela Canaria de fútbol' habían aprendido de 'sus mayores'.

Ernesto Valverde ante la UD Las Palmas (Foto: Athletic Club).

Como si García Pimienta les hubiera leído la cartilla en la caseta, los Araujo, Cardona, Kirian, Munir y Sandro saltaron al verde con la intención y, sobre todo, el deseo de que su manera de interpretar este maravilloso juego que es el futbol tuviera reminiscencias de aquella maravilla de [1968] que encandiló al publico del Bernabéu, al de San Mamés, y a esa gente suya que al Insular acudía como si fueran pedigüeños mendigando fútbol del bueno.

Nada que ver con lo de Guedes, Tonono, Germán, Gilberto, Aparicio y Castellano. Y sin embargo, en cada control y conducción, en cada pase y regate, en cada toque, centro y disparo, los discípulos de García Pimienta, los sucesores de aquel equipo "pausado, calmado, increíblemente técnico", empeñados en que verlos jugar resultara "una delicia", terminaron cediendo el doble [0 - 2] porque Vivían, astuto, atento al córner que se disponía a botar Unai Gómez, le 'chivo' a su marcador: "Cuidado con el Coco".

Y resultó que, acelerado, llegó 'Coco' y le encajó de cabeza a su portero, Valles, el segundo de la tarde. Y fue así que, al final de la partida, Asís Martín, evitando la palabra "Insular", me recordó el titular del artículo que tan de mañana había colgado como para que los leones tomaran ejemplo. "La fortuna del Athletic en el Estadio de Gran Canaria trasladada a la Final de La Cartuja".

• Por Kuitxi Pérez, periodista y exfutbolista

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