Opinión

El sesgo de confirmación arbitral

Deletree conmigo P-E-R-I-O-D-I-S-T-A.

Los jugadores del Sevilla protestan a Gil Manzano. Kiko Hurtado
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El corporativismo arbitral no es cosa nueva. Todo andaluz de mi generación creció viendo en La Jugada o en Gol a Gol los resúmenes de los partidos en la televisión pública andaluza. Martín Navarrete o López Nieto fueron dos colegiados de la tierra -malagueños para más señas- que fueron un clásico en las décadas de los 80 y los 90, y también acabaron siendo analistas arbitrales en televisión. El fallecido Joaquín Ramos Marcos en Canal +, con un estilo más desenfadado, hacía la misma función.

Han pasado muchos años de entonces, pero es difícil recordar el día en el que pusieran una pega a una decisión arbitral que admitiera duda. No en fueras de juego claros y captados a la perfección por unas cámaras que poco tenían que ver con las actuales, pero cualquier exárbitro era capaz de retorcer cualquier regla del juego para no verse en la tesitura de desautorizar a uno de sus ‘colegas’. Un corporativismo que en ocasiones rozaba el surrealismo, pero que puede ser humano y entendible.

Sin embargo, lo que se está viviendo con el flamante Comité Técnico de Árbitros que preside Fran Soto necesita otro calificativo mucho más duro. El sesgo de confirmación se define como la tendencia cognitiva a buscar, interpretar, favorecer y recordar información que respalda creencias preexistentes, ignorando o minimizando las pruebas contradictorias. Sin duda, define a la perfección lo que hace este CTA que venía a renovar el colectivo y que huele a rancio de lejos.

Con la excusa de la transparencia, esta temporada se ha estrenado la iniciativa del programa ‘Tiempo de revisión’, complementando la publicación de los audios de las revisiones VAR que comenzó en enero de 2024. Sin embargo, lo que debería servir para que el aficionado empatizase con el colectivo y entendiese lo difícil que es arbitrar un partido de fútbol, incluso utilizando la tecnología, se ha acabado convirtiendo en un instrumento de propaganda para reafirmarse a ellos mismos en que todo lo hacen bien y nunca se equivocan, muy lejos de la vocación didáctica con la que 'supuestamente' nació. Toman por tonto al aficionado y al profesional, y si hace falta retorcer una normativa o una imagen, adelante con los faroles. En una época negra para el arbitraje, en el que nadie con un mínimo de inteligencia entiende nada, no solo no es necesario sino que es contraproducente.

El punto en la boca del Sevilla

El Sevilla contemporáneo es un club débil. Los es en el terreno de juego, en los despachos, en las instituciones y también a los ojos de los árbitros. Club, jugadores y entrenador han puesto el grito en el cielo con las últimas decisiones. Muy controvertidas, interpretables como todas. El Sevilla está nervioso y es lógico.

Sin embargo, ni siquiera en la persecución que el Real Madrid lleva protagonizando contra los árbitros en los últimos años se recordaba un correctivo como el que se han llevado los nervionenses. El último ‘Tiempo de revisión’ es un reglazo en la mano del alumno rebeldón, un azote en el culo del niño travieso, un “aquí mando yo” de manual ante el que sabes que no puede ni chistarte. ¡Ay de él si vuelve a hacerlo. No solo el evidente sesgo en el análisis, sino por lo sorprendente y revelador de que el CTA haya cambiado la dinámica para incluir una jugada de otra jornada.

Ni siquiera en la persecución que el Real Madrid lleva protagonizando contra los árbitros en los últimos años se recordaba un correctivo como el que se han llevado los nervionenses.

El Sevilla parece haberse echado un enemigo peligroso. Un CTA y un colectivo narcisista, encantado de haberse conocido, que utiliza su posición de poder no solo para poner el mazo sobre el débil, sino que además usa sus herramientas para ridiculizar y señalar al que discrepa. Si no juega en Chamartín, claro.