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Jon Jader, el martillo de Otxarkoaga

ElDesmarque Bizkaia

Un centenar de combates después, este era diferente para Jon Jader Obregón. El primero a más de tres asaltos. El primero con vendaje duro. El primero con guante pequeño atado con cuerdas. El primero en el que no tuvo que superar el pesaje con unos minutos de antelación sino un día antes.

En el vestuario, el mánager, el veterano José Luis Celaya; su ayudante, el exboxeador profesional gasteiztarra que peleó por al campeonato de España del ligero, Andoni Alonso; su compañero, Fran Mendoza; y su padre y entrenador, José Luis Idarraga ‘Josito’.

Jon Jader estrena ropa para el combate. Calzón dorado y negro con imágenes del personaje de animación japonesa Son Goku, los logos de sus patrocinadores y su promotora y la palabra MAGIC bordada en la cinturilla. Chaleco con capucha, también dorado y negro, con los mismos motivos y la palabra MAGIC bordada.

Jon Jader celebra el triunfo ante Nelson Altamirano.

Resulta complicado estar tenso en un vestuario en el se encuentra Fran Mendoza. Noqueador terrible sobre el ring (5 de 6 victorias por KO en menos de un año), el pequeño Mendoza, de 22 años, es un cascabel fuera. Suena música caribeña en su móvil, sonríe sin parar, baila y hace sombra mientras espera su turno para el vendaje de manos.

‘Josito’ observa la evolución de la protección de las manos de su hijo. Pasea como un tigre enjaulado. “Si peleara yo estaría mejor”, asegura. Jon Jader pide a Celaya mayor presión en el vendaje de las muñecas. “Me gusta sentirlas duras”, afirma. Vuelta al esparadrapo. El árbitro, señor Antúnez, supervisa la operación. ‘Josito’ no sabe dónde meterse o qué hacer para sacarse los nervios. No se trata de otro combate más.

Los guantes Charlie rojos encajan a la perfección en los puños del joven boxeador de Otxarkoaga (Bilbao). Hace mucho que Jon Jader ha calentado. Celaya masajéa sus brazos, extiende la vaselina en las cejas, los pómulos, la frente. Jon prueba los guantes golpeando uno con otro. “Están perfectos”, sentencia. Da pequeños saltitos. ‘Josito’ va y viene. Mira a su hijo. Son miles de horas de entrenamiento. Desde los 6 años.

José Luis Celaya venda las manos de Jon Jader, sentado junto a Fran Mendoza, antes de sus combates en Ordizia.

En la puerta del vestuario que da al pasillo que conduce a las escaleras que desembocan a veinte metros escasos del ring, Celaya conversa con el boxeador. “Tranquilo, siente el ring, suéltate, no te presiones, ya sabes lo que tienes que hacer”. Jon asiente. Celaya se dirige a Alonso: ¿El hielo? ¿Las planchas? ¿El bocado? ¿Las tijeras? ¿Agua? … Es una larga lista de chequeo, casi un ritual.

‘Josito’ se acerca a Jon Jader. Se abrazan una vez. Se separan. ‘Josito’ vuelve, se abrazan, se besan como padre e hijo, como entrenador y pupilo. Truena una voz en la megafonía. ‘Vamos’, dice Celaya. “Mucha suerte, compa”, grita Fran Mendoza mientras hace sombra en el espejo. Jon Jader se cala la capucha. Parece sorprendentemente tranquilo. Al subir por las escaleras, el público de Ordizia aplaude. Aquí han peleado casi todos los grandes.

En el primer asalto, Jon Jader cazará a Nelson Altamirano tres veces en el hígado. Altamirano recibirá doscuentas. Al comienzo del tercer asalto, el experimentado oponente caerá definitivamente. Jon Jader se agachará junto a su oponente y se interesará por él. El público aplaude.

Jordán Camacho, José Luis Celaya y el púgil bilbaíno Jon Jader.

Debajó del ring, antes de llegar al vestuario de nuevo, sus compañeros y compañeras de gimnasio le pararán para felicitarle: el campeón Mikel Sortino, Gustavo Joao, Ibai Arantzamendi, Ander González, Txusma, Ibai Purriños … Muchos han venido a apoyarle.

Siguen las felicitaciones dentro del vestuario. Celaya da las últimas instrucciones a un Fran Mendoza que ha mutado, ahora es un francotirador con una ametralladora. ‘Josito’ sonríe. Es como si hubiera abierto la tapa de su olla a presión. Abraza a Jon Jader. Ya ha pasado el primer día. “Ahora sabe que a él también le pesa la mano”, repite ‘Josito’.

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