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El 0-4, la tunda y las formas: era algo parecido a eso

La Platea de Juanma G. Anes
(Huelva Información)


Vista la ‘tunda’ (como acertadamente calificó mi tocayo Juanma Rodríguez) que le endosó el Barcelona al Real Madrid el pasado sábado en el Bernabéu, y comprobado el lógico e infinito cabrero merengue ante la pasividad de sus jugadores mientras se producía el histórico baño azulgrana, me ratifico en lo que desde este rincón llevo escribiendo de forma asidua: la importancia de las formas. Cualquier equipo del mundo puede caer derrotado, puede ser superado por el rival y puede perder con contundencia, sí, pero lo que no puede es perder jamás el espíritu combativo, su dignidad. Ni el club más rico y poderoso del mundo ni el club más embargado del mundo.


Incluso cuando el electrónico del coliseo madridista lucía el 0-4 y quedaban muy   pocos minutos para el final del paseo barcelonista, los Luis Suárez, Neymar y compañía seguían comiéndose el césped presionando a su moribundo rival; mientras tanto, Bale trotaba a ritmo de caracol recién nacido, como si la humillación no fuera ni con él ni con su peinado, y otros tantos de sus colegas calcaban la actitud del galés errante. La pérdida de orgullo es lo que la afición madridista no perdona -con razón-, y eso que estas mismas estrellitas le dieron hace dos días mal contados, entre otras cosas, una nueva Copa de Europa.
Lo del Decano es, evidentemente, otro mundo, otra escala, y el desastre en la gestión tiene muchísimo que ver con lo que ha pasado en el campo durante varios meses/años, evidentemente. Pero ni los que sudan la camiseta ni el que los alinea pueden olvidar nunca que los que van al estadio a verlos –o los que se pegan una kilometrada brutal para darles aliento también lejos del Colombino- sólo exigen una cosa: que se dejen el alma por el escudo. Aquí a Aitor o a Barber jamás se les criticó que fallaran un gol, un pase o que formaran parte de un equipo que descendió; por algo sería. Lo que ha sido increíble es que se pasara, en un parpadeo, de verlos a ellos a soportar a Braulios y a otras lindezas similares. Al menos en los últimos partidos con Ceballos ya se ve algo diferente; parece que el orgullo empieza a salir de las catacumbas. Se pierda o se gane, era lo único que pedíamos. Sí, era algo parecido a eso.

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