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Yo no hubiera echado a Mendilibar

Deletree conmigo: P E R I O D I S T A

Han pasado 24 horas desde que el Sevilla FC anunció la destitución de José Luis Mendilibar, una decisión tomada en la vorágine antinatural y autodestructiva en la que lleva metido el club desde hace años, con todos los frentes disparando a discreción y el escudo, en medio, haciendo auténticos malabarismos para no quedar herido de muerte.

Yo no hubiera destituido a Mendilibar. Principalmente, porque no creo en los relevos de los entrenadores. Solo una de cada tropecientas destituciones funciona de verdad -estadística de barra de bar-, y en la mayoría de los casos sólo sirve para alargar una agonía o, para colmo, empujar más al pozo a un equipo que se hunde. Ejemplos, a miles; de lo contrario, muchos menos. Empezar de cero, a mitad de temporada, con la agenda que tiene un equipo como el Sevilla y con una plantilla hecha a otros modos es prácticamente un imposible. Y si no, recuerden la última etapa de Sampaoli.

Otro aspecto capital, es que se ha destituido en domingo a un entrenador y, 24 horas después, su sustituto no está aquí. Este martes el equipo está citado para entrenar y no se sabe quién encabezará la sesión. Cesar a Mendilibar sin tener cerrado a su sustituto huele a precipitación, y la precipitación es el peor ingrediente que se le puede echar a una decisión tan relevante.

Y, además, estoy convencido de que el Sevilla va a mejorar sus resultados, como así mejoró sus sensaciones en las últimas semanas. Desde que la plantilla quedó cerrada el 2 de septiembre, al equipo se le ha visto progresando en su manera de jugar casi en cada partido, exceptuando la desastrosa primera parte ante el Rayo Vallecano -Mendilibar se equivocó en el once y ‘lo arregló’ con los cambios-. Sólo ha perdido un partido. Sólo ha ganado dos, cierto, pero ha tenido opciones de ganarlos todos aunque, por hache o por be, pocas veces la balanza ha caído hacia su lado. Víctor Orta ha confeccionado una plantilla muy completa y conjuntada, con opciones en todos los puestos, y el equipo no está ni mucho menos caído, como sucedió el año pasado con Julen Lopetegui, en que se les veía incapaces de ganar un solo partido.

Mendilibar celebra la Europa League en el Puskas Arena (Foto: Cordon Press).

Mendilibar comenzó la temporada con poco crédito. No tuvieron más remedio que renovarle tras ganar la Europa League y confirmar la permanencia apenas unas semanas de coger a un muerto, pero su perfil en este mundo actual gusta poco. Sí, es campechano, natural y dice las cosas sin filtro. Eso, al principio gusta, pero en este mundo de postureo de Instagram, de echar sapos por la boca en ‘X’ y de la cultura de la cancelación, eso no está de moda. En cuanto las cosas han venido un poco mal dadas, han venido aquellos que, sin dar una patada a un balón en su vida, han pontificado que un entrenador con 468 partidos dirigidos en Primera División, no tiene nivel para dirigir al Sevilla. Al que salvó en su temporada más negra y acabó haciéndole campeón. Exactamente el mismo. Válgame Dios.

Han pontificado que un entrenador con 468 partidos dirigidos en Primera División, no tiene nivel para dirigir al Sevilla. Al que salvó en su temporada más negra y acabó haciéndole campeón. Exactamente el mismo. Válgame Dios.

Yo no hubiera echado a Mendilibar, porque confiaba en su método y sus formas, también en el equipo y en que la reacción a nivel numérico va a llegar, esté quién esté en el banquillo. Y para jugársela, pues prefiero a Mendilibar. Porque en este mundo tan falsamente sofisticado, una personalidad así te reconcilia con la humanidad. Y porque en la era del fútbol de lenguaje ininteligible, hipotenusas, raíces cuadradas y tecnología que no arregla nada, creo en el juego sencillo, sin abalorios. Vamos, que disfruto con un patadón que despeje el peligro y me enervo con la mentira de la pelota sacada desde atrás con unos pases muy bonitos y muy inefectivos.

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  1. Alamo

    ¿Sólo ha perdido un partido?... En liga ya ha palmado más de 1, de 2 y de 3.