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Los nuevos 80

Lobete celebra su gol ante el Mallorca (Foto: EFE).
Ion Urrestarazu

El pasado sábado fue mi 40 cumpleaños y no fueron pocos los que me dijeron eso que está tan de moda de que los 40 son los nuevos 30. No sé si lo dicen porque no les gusta cumplir años y prefieren alejarse de tan redonda cifra y no aceptan ser ya un cuarentón o porque algunos estamos, nos sentimos y nos vemos incluso mejor que cuando teníamos 30. Yo claramente me incluyo en el segundo grupo, orgulloso de mis 40 vueltas al sol y siguiendo aprendiendo algo nuevo cada día.

Como podéis imaginar el día no pudo tener mejor final. Fue un día bonito, especial, sin grandes alardes pero muy disfrutón. Desde días antes tenía el partido de la Real Sociedad entre ceja y ceja y la hora era la perfecta. Aperitivo, comida, larga sobremesa, y cuando ya caía el sol, al sofá. Al sofá no antes de colocarme los nuevos pantalones cortos de la segunda equipación que me habían regalado poco después de soplar las velas y de vestirme de etiqueta con la camiseta de la final de Copa. Esa Copa que ganamos al Club que dice que no somos un modelo a tener como referente, a pesar de que seamos continuamente reconocidos en medios nacionales e internacionales como precisamente eso, un modelo de cantera, de gestión, etc. Tenía bastante claro que el palo que se llevaron en La Cartuja había sido antológico, pero me estoy dando cuenta que fue incluso mayor del que podemos llegar a imaginar. Me recuerda a cuando por la autopista van todos los coches en la misma dirección y uno viene de frente en dirección contraria, y además convencido de que son los otros los que van mal. Como diría Dinio, la filosofía les confunde.

Anoeta y los jugadores de la Real Sociedad celebran el gol de Lobete (Foto: LaLiga).

Volviendo a mi cumple, nos sentamos delante de la tele con algún que otro refrigerio y ganas de atacar y lograr el liderato. A pesar de la expulsión y el martilleo constante del señor colegiado, estaba convencido de que podíamos llevarnos el partido. De hecho, un mensaje de voz por WathsApp de uno de la cuadrilla durante el descanso reforzó mi teoría. Mi  favorito pensaba igual que yo y minutos después de salir de Anoeta, me llamó para felicitarme y el abrazo de gol virtual fue de los de las grandes ocasiones.

Anoeta explotó de alegría. Con el gol. Con la Copa. Explotó de rabia con las injustas decisiones y la chulería del que se supone que tiene que impartir justicia y dar ejemplo de sosiego y educación. Los cánticos y movimientos de las gradas, el color blanquiazul de camisetas, bufandas y banderas recordaban al viejo Atotxa. El liderato, los chavales de la cantera plagando las alineaciones, los gestos de orgullo, los besos al escudo. Todo recuerda a los tiempos de vino y rosas de cuando fuimos los mejores. Si los 40 son los nuevos 30, por qué no ahora pueden ser los nuevos 80. Fuimos los mejores y ahora, digan lo que digan y moleste a quien moleste, estamos camino de ello. Lo dicho, que vivan los 40 y que vuelvan los 80.

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  1. Alberto

    Totalmente de acuerdo!aupa real!. De esta forma no podran con nosotros