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Portero, defensa y entrenador del Betis un mismo año: le tiraron puros habanos desde la grada

Francisco Gómez, antes de recoger los puros (Foto extraída del archivo del Betis)
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La historia del Real Betis Balompié bien merece detenerse en ella. Una trayectoria centenaria que esconde tras sus muros un sinfín de relatos, anécdotas y curiosidades que vale la pena contar. En ElDesmarque comenzamos un serial de ese lado más desconocido del club, desgranando aventuras particulares o semidesconocidas para la gran mayoría del público. En esta primera entrega hablamos de Francisco, más conocido como "Gómez, el de los puros", un tipo que bien reclama un sitio en los anales de la entidad.

Francisco Gómez Vicente fue un centrocampista -reconvertido a defensa- que nació en Almería, en 1910. Aunque terminaría siendo el primer almeriense de la historia en llegar a la élite, su trayectoria no fue fácil. De pequeño tuvo que emigrar a Barcelona, donde su familia buscaba, como tantos andaluces, un futuro mejor.

Creció en las categorías del Júpiter, mítico club catalán de fútbol base, donde despertó la atención del Castellón. Su ascenso fue meteórico, fichando por el Real Madric con tan solo 22 años. De ahí pasó al Atlético y más tarde, en 1934, llegó a Heliópolis de la mano de Patrick O'Connell para cubrir el vacío que dejó Soladrero. Él no lo sabría pero ese año entraría por siempre en la página más dorada de la historia del Betis.

Francisco Gómez, historia del Betis

Las crónicas de antaño relatan que era "un zaguero firme y poderoso, de pierna dura", cuya especial habilidad era desquiciar a los rivales con su marcaje al hombre. Contaba el historiador Manolo Rodríguez, que en un partido contra el Oviedo, Lángara, el rival que marcaba, se acercó a beber agua y él le siguió. El delantero le dijo "¿Por qué no te das una vuelta por ahí, niño". A lo que Francisco Gómez respondió: "me ha dicho el míster que no me separe de ti".

Un futbolista fundamental aquel año, incluido en la recordada alineación que ganó en Santander la primera y única Liga del Real Betis. Pero como todos saben, la Guerra Civil golpeó con especial gravedad al club y el jugador se tuvo que marchar a Barcelona para combatir con el bando republicano.

Gómez retomó el fútbol unos años después, en Gerona, y regresó al Betis para hacer historia de nuevo. O'Connell le llamó -otra vez- en la 41/42, para lograr el ascenso junto a los Adolfo, Saro o Peral. Un año después, ya sin Patrick, empezó el curso como jugador y lo terminó como entrenador, después del cese de César Baragaño. Como curiosidad, esa temporada llegó a jugar también de portero tras la lesión del guardameta titular. Lo hizo en Las Corts, contra el FC Barcelona. Y fue el mejor del Betis.

Gómez, el de los puros

Una década más tarde volvería ya como entrenador. Tras un periplo fallido en 1951, en la 53/54 se coló -otra vez- en los libros de historia. Fue el técnico que acabó con aquel desierto de los campos de barro de Tercera, abanderando 'La marcha verde' con aquel ascenso a Segunda en mayo de 1954. Él mismo resumió, en ese 1954, al Semanario Gráfico de Actualidades y Deportes su paso por el Betis como técnico: "Es la mejor afición de España, no cabe duda".

Aquel fue el mejor día de su trayectoria. La afición, volcada con sus peripecias, le agasajó tirándole puros desde los graderíos de Heliópolis. "Fue graciosísimo ver a aquel hombre recoger todos los puros, mientras los iba metiendo en un canastito que llevaba", dijo su jugador, Portu. Y desde entonces sería por siempre Gómez el de los puros.

Fragmento de periódico hablando sobre él.

Hizo debutar a Luis del Sol

Pero aún le quedaba un último servicio. En ese curso Francisco Gómez se atrevió a hacer debutar a un chico desgarbado, que haría historia en nuestro fútbol. Le dio la alternativa a Luis del Sol, por siempre historia del Real Betis. El resto es historia. Uno de los héroes de la Eurocopa de 1964, campeón de Europa con el Real Madrid, una Intercontinental, dos ligas, una Serie A...

Pero Gómez, el de los puros, dejaría por siempre su impronta en él. "Una vez me doblé el tobillo, me salí y el entrenador me dio un grito para que volviera de inmediato. A Cómez esas cosas no se les puede decir que no", llegó a relatar Luis del Sol sobre Francisco Gómez. Un tipo con tanto carácter como carisma, ganándose por méritos propios un lugar en la historia del club.

Vaya desde aquí nuestro agradecimiento a Manolo Rodríguez y todo lo que aporta en su libro 'Historias del Betis'.

Artículo del corresponsal Borbujo, de Marca, en Sevilla.

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