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Un tango adictivo: Jugar sin Messi es como bailar sin música

Messi, ante el Sevilla (Foto: Kiko Hurtado).
Á.Borrego

Parafraseando a Eduardo Galeano, jugar sin hinchada, o lo que es lo mismo; sin Messi, es como bailar sin música. Poco importan los obstáculos que atraviesen el camino. Da igual si el terreno es hostil, si el regusto es amargo o si las adversidades aprietan. Pase lo que pase siempre existe un denominador común: aparece el tango del argentino.

Y es que cuando Messi baila, se para el tiempo. Una danza que duerme a la fiera más inquieta, que envenena a los entes inmunes, que sodomiza lentamente a los más insípidos. D10S volvió a bajar a la tierra. Para adoctrinar a los que dejaron de creer en él. A los que perdieron la confianza en sus poderes, a los ciegos que tornaron la realidad más absoluta en una turbia visión.

Este sábado el argentino volvió a sacar una rabia innata. Ya lo avisó Machín en la previa del partido: "un jugador sólo es incapaz de resolver un partido". Y como de costumbre cuando alguien intenta restar mérito al '10'... se equivocó.

Messi, ante el Sevilla (Foto: Kiko Hurtado).

Una semana hace que pasó San Valentín. Pero los puritanos dicen que se quiere por igual todos los días y Messi regaló besos para todo el que lo pidió. El primero, a la escuadra con uno de los goles del año. El segundo, acariciando la pelota con la pierna menos buena. Y el tercero, tocando lo justo para batir a Vaclik. Encima, otorgó la asistencia del definitivo 2-4. Que su magia no se marchite nunca...

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