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Mascherano, un referente en el Camp Nou

EFE /Judit Cortés

El argentino Javier Mascherano (33 años) pondrá fin a siete años y medio como azulgrana, una etapa repleta de éxitos para un jugador que se convirtió desde el primer minuto en un referente en el Camp Nou, pero también en el vestuario y en la sala de prensa, un "Pepito Grillo", la voz de la conciencia del equipo que salía al rescate, especialmente en momentos de crisis.

Mascherano ejerció de capitán en la sombra. Fue titular con todos los técnicos que tuvo en el Barça, salvo en la última etapa con Ernesto Valverde en el banquillo. Con la irrupción de Samuel Umtiti, Mascherano perdió la titularidad y ha buscado el cobijo del Hebei Fortune chino para tener el rodaje necesario y llegar en las mejores condiciones al Mundial del próximo verano en Rusia, seguramente su última gran cita.
El argentino llegó al Barcelona en el verano de 2010 procedente del Liverpool. Había solicitado el 'transfer request' y peleó su marcha en cuanto supo del interés del equipo de Pep Guardiola. Los azulgrana pagaron por él 24 millones de euros, una cantidad por un mediocentro que acabó convirtiéndose en un central corrector. "Llego para jugar en el equipo que soñaba jugar", dijo en su presentación en la que aclaró que el dinero fue en lo que menos pensó cuando empezó a hablar con el Barça.
"Uno puede renunciar al dinero para ganar otras muchas cosas. Creo que gano muchísimo en lo deportivo, el prestigio y el reconocimiento que no muchos clubes te dan" aseguró 'El jefecito', apelativo con el que es conocido principalmente en Argentina. Y tanto que ganó muchísimo Mascherano, prestigio y títulos, hasta catorce: 2 Champions, 4 Ligas, 4 Copas, 2 Supercopas de España y 2 Mundiales de Clubes, y lo consiguió jugando de central, una posición totalmente nueva para él.
Mascherano ha dejado su impronta en 334 partidos y casi 27.000 minutos con la camiseta azulgrana. Tantos partidos, tantos minutos para un gol conseguido de penalti. Fue el 26 de abril de 2017, un partido liguero ante Osasuna. Con el marcador 5-1, Fran Mérida cometió un penalti sobre Denis Suárez. El encargado de lanzar la pena máxima era Rakitic, pero Gerard Piqué le pidió que lo tirara Mascherano. El argentino, con un tiro potente por el centro, marcó su único gol con la camiseta azulgrana, en un celebrado gol por el equipo.
El central es de lo que siempre han pensado que "las palabras hay que llenarlas con hechos" porque "las palabras solas son vacías", que "nunca hay que buscar excusas ni mirar atrás", porque "no hay mejor síntoma de confianza" en un equipo que "tenerlo todo en sus manos". De él y de Seydou Keita, Pep Guardiola dijo que eran "dos soles", jugadores "impagables" de los que "da sentido a la profesión de entrenador el tener jugadores como estos".
Pero el tiempo no pasa en balde. Con Valverde, Mascherano ha jugado 12 partidos, Umtiti lo ha desplazado como acompañante de Piqué, Vermaelen lo ha sustituido cuando el francés ha estado lesionado y antes de permitir la marcha del argentino, el Barcelona ya tiene a otro central en su plantilla: el colombiano Yerry Mina.
La marcha de Mascherano dejará diez millones de euros al Barça, pero sobre todo el recuerdo de un tipo íntegro, que disfrutó cada minuto que vistió la camiseta del Barça y que se va a China para buscar su última oportunidad.
Se le recordará por aquella afirmación: "El Barça es el club donde hay más presión del mundo. Pierdes tres partidos y parece que se acabe el mundo. Hace tres semanas esto era Disney y ahora parece la Casa del Terror". Seguramente Mascherano hizo suya la afirmación de que el éxito deforma. "Como decía un gran entrenador mío, te hace creer que eras más importante de lo que realmente eres", algo que él nunca lo ha pensado.

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