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Un pecado de veinte minutos

La casi inmaculada trayectoria del Real Betis en esta temporada de LaLiga Santander se rasgó por un pecado de veinte minutos. Fue el tiempo que duró su caraja inicial y el que tardó el Celta de Vigo en encarrilar el choque de la 7ª jornada. A partir de ahí, se reencontró a sí mismo, pagó su pecado luchando hasta agotar las fuerzas con un jugador menos durante setenta minutos, pero su gran segunda mitad no le resultó suficiente para redimirse de la derrota.

Esos veinte minutos de cierta desidia, de imprecisiones, de falta de tensión competitiva supusieron un pecado nada venial. La lectura positiva es que, con su juego, el Betis demostró arrepentimiento por los errores y capacidad para seguir siendo el mismo buen equipo que hasta ahora. Como ha ocurrido bastantes veces ya, los errores individuales se pagaron cara y deben hacer reflexionar si este plantel quiere estar de verdad en la lucha por los puestos de la UEFA Champions League.

Hay días en que es mejor no levantarse. Días que se tuercen desde el principio. El de este domingo fue uno de esos días para el Real Betis. Desde que llegara Pellegrini apenas se dan, pero los hay. En veinte minutos, la tarde soleada de Vigo se llenó de borrasca por la falta de tensión competitiva. Un error de Edgar lo arregló Luiz Felipe apenas a los dos minutos del pitido inicial. Luego, una pérdida en un saque de banda propio hizo caer el balón en los pies de Gabri Veiga, un talentoso mediocentro a cuyo encuentro fue blandito William Carvalho y que acabó con un disparo perfecto imposible para Rui Silva.

Imagen del Celta-Betis (Foto: LaLiga),
Imagen del Celta-Betis (Foto: LaLiga),

Luiz Felipe se sobreestimó ante Stand Larssen

El Panda no pudo aprovechar el único error de la defensa del Celta y antes de los veinte minutos Luiz Felipe se sobreestimó ante Stand Larssen y el noruego lo dejó en evidencia tan sólo utilizando su envergadura. El árbitro decretó amarilla y el VAR le puso color rojo. Uno menos y setenta y tantos minutos para remar con el viento en contra.

Aun así, el Betis no se descompuso. Siguió jugando a lo que sabe, manteniendo una presión alta en defensa y tratando de acercarse a Marchesín a base de toque y fútbol, si bien poco daño conseguía hacer. Con Edgar errático y Montoya aportando muy poco en su vuelta al once, los problemas fueron pocos pero muy peligrosos y siempre provocados por los errores defensivos. Al menos Rui Silva sí estuvo a su mejor nivel y salvó en un par de jugadas lo que podía haber sido la sentencia del partido.

Pellegrini no sólo no se rindió, sino que dio entrada tras el descanso a Fekir, recién recuperado de su lesión, y Willian José. Algún día se tiene que morir sobre el césped, que no todo van a ser siempre victorias, aunque el chileno si lo hace lo hace con las botas puestas. Y con su credo futbolístico abierto en las manos. Canales era quien más trataba de aplicarlo sobre el césped y el cántabro se animó al ver de nuevo cerca a su socio Fekir.

La exhibición de Canales y Fekir

Los dos se las ingeniaron, con la ayuda de un inquieto Rodri, para hacer carburar al Betis como habitúa. Por momentos, parecía que quien jugaba con uno menos era el Celta. Toque, asociación, búsqueda de espacios y un talante más incisivo por banda. Dos oportunidades evidenciaron las intenciones, sobre todo la de Álex Moreno en el área tras una buena jugada colectiva y pase de la muerte de Montoya.

Resulta loable la ambición de este Betis de Pellegrini incluso cuando vienen especialmente mal dadas. Y resulta también extraordinario ver jugar a futbolistas como Canales y Fekir. El Celta se veía superado por sus constantes asociaciones y los cosieron a faltas para tratar de que el Betis no se creciera. Algunas de ellas increíblemente no pitadas o no castigadas con amarilla. Canales sí la vio por protestar precisamente que no se pitaran ni castigaran con tarjetas.

Marchesín, el héroe del Celta

A pesar de ello, y de una mano discutible en el área local, el Betis consolidó su empuje y Wiilan José pudo lograr el empate en un remate de cabeza que atajó Marchesín. De hecho, el guardameta argentino se convirtió en el único argumento de un Celta en regresión. Salvó a los suyos también en el tramo final en un tiro envenenado de Ruibal. Pezzella tuvo otra en un remate de cabeza que se marchó fuera.

Y la cosa fue de porteros también en los últimos compases, porque Rui Silva volvió a crecerse en un uno contra uno ante Aspas. Joaquín aún tuvo otra en el área pequeña. El Betis lo intentaba de todas las maneras posibles, pero principalmente con buen fútbol y sacando fuerzas de donde no las había tras jugar más de setenta minutos con diez.

Al final no le llegó para reconducir ese inicio pésimo. La actitud es irreprochable, por cuanto durante toda la segunda parte pareció ser el equipo que jugaba con uno más. No obstante, el problema en defensa sigue vigente y ahí Pellegrini sigue teniendo mucho trabajo por delante. Sobre todo, si se quiere soñar de verdad con la UEFA Champions League.

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