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Entre benditos y malditos

Una bética y un sevillista, en la previa del derbi en el Benito Villamarín (Foto: Kiko Hurtado).
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Benditos sean ustedes. Aquellos que mantienen viva la llama. Los aficionados, los del fútbol puro. El de verdad, el que se opone al dinero, el que está por encima de cualquiera. Benditos sean también los que lucharon. Contra la muerte, contra una pandemia y contra la crudeza económica. Malditas sean las heridas incurables, los últimos halos de salud, la pena que tanto nos inundó. Maldigo al virus, a las desdichas y a la desesperanza. Aquella que nunca se se debe perder en esta bendita, a la par que maldita, ciudad. La muy noble y muy leal, la irreductible, la que hoy recupera parte de su esencia. La metrópoli de la dualidad entre Sevilla y Real Betis. Ya tienen un motivo más para ser felices. ¡Vuelve el fútbol carajo!

517 días han pasado desde aquel 8 de marzo de 2020. Un letargo áspero, insufrible, inaguantable. Lo que era una realidad infravalorada se convirtió en utopía. Y malditos sean todos los placeres que nos ha privado la pandemia. Porque el fútbol existe para vivirlo y disfrutarlo. También para amarlo y odiarlo. Para llorar, reír, perder y aprender a ganar. Por eso sean benditos todos aquellos abrazos anónimos de antaño, los besos esporádicos, las sonrisas cómplices. Con papá, con mamá, con el abuelo. Los gritos, las palmas, los cánticos.

Benditos también los valerosos y gallardos que pelearon, y siguen pugnando, para que la vuelta a la normalidad sea posible. ¿Cómo un 'bicho' nos iba a quitar lo que era nuestro? ¿Y hay algo más nuestro que la propia vida? Queden bendecidos los rebeldes, los indóciles, los insurgentes que se alzaron para lidiar sin descanso contra el virus. Porque robaría sueños, quitaría vidas o marchitaría proyectos pero jamás, jamás terminaría con la esperanza. Aquella que vuelve hoy a la ciudad.

¿Qué más da que sea en Heliópolis o en Nervión? Quién sabe si entre benditos y malditos surgió el dicho de que Sevilla sabe esperar... Y lo hizo. Lo está haciendo. Vaya si lo hará. Un año, cuatro meses y treinta días han pasado para que el fútbol, el de sus aficionados, vuelva a un estadio de fútbol. Ya es un triunfo para todos, porque no hay mayor título que celebrar la vida.

Maldigo a los interminables sufridos del alma, la constante herida. La que duele, la que amarga pero la que muchas veces sana. Quién sabe si con el tiempo. Maldito quede también el suspiro del que sabía que no volvería a su asiento. Bienaventurados sean aquellos que atisbaban sueños desde la ventana de un hospital. Los que hoy no volverán agarrados de la mano de su hija, de su mujer, de sus nietos... Pero bendita sea la esperanza. Porque vale la pena soñar con el inicio de algo bonito, de una nueva normalidad. Merece ilusionarse de nuevo. Nos merecemos ver la luz, disfrutar de la vida, volver al fútbol, cantar un gol. Habrá fútbol sin vida, pero no existirá la vida sin el fútbol.

El último derbi con aficionados en la ciudad (Foto: Kiko Hurtado).

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  1. pepedesevilla@hotmail.com

    Su padre seguro que tuvo ese problema jajajajajajajajajajaja

  2. DON JOSELE

    niño que esa muchacha no te conviene.no has visto la cara de brujilla que tiene,ademas los niños te pueden salir por el lado oscuro,y eso es condena pa to tu vida,niño.buscate una muchacha limpia,de su casa y sevillista,y veras la diferencia,niño.con la sevillista,si podras dejarle la herencia a tus hijos,y no a la iglesia.