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Es Noticia

El chico que mejoró a Periko Alonso

José Javier Gamboa

Miguel Angel Alonso Oyarbide se encuentra probablemente entre los jugadores vascos con mejor palmarés de la historia. Cuando debutó en primera división con la Real Sociedad, en 1974, con 23 años, en su Tolosa natal nadie le llamaba por su nombre. Le conocían como Periko o Txatarrero. Lo de de Txatarrero le iba como anillo al dedo. Alonso no era muy alto, pero derrochaba potencia física. Un portento capaz de llevarse cualquier balón perdido en la zona ancha de aquellos campos de mediados los setenta en los que el césped artificial ni siquiera se había soñado. Abundaba el barro natural.

Periko podía meterle la pierna a un trailer de frente y salir por el parachoques de atrás con el tubo de escape clavado a los tacos. Y luego lanzaba un buen pase diagonal a cualquiera de las bandas. Con el tiempo, y a medida que perdía fronda en el flequillo, domesticó su despeje salvaje de mediocampista stopper y lo transformó en un cañonazo a puerta que ganó muchos partidos. El Txatarrero, como otros que lograron grandes fortunas en Euskadi en esa época, encontró la fórmula para transformar la escoria y la herrumbre del centro del campo en oro en la portería rival. Un verdadero alquimista del fútbol.  A medida que maduraba fue desarrollando además un sentido táctico envidiable. Podía parar un partido o acelerarlo a base de precisos balones largos. Y sabía en qué momento era necesaria una de las dos alternativas. Su carácter, enérgico, solidario, sacrificado, y su inteligencia, le granjearon un liderazgo de pocas palabras, gestos enérgicos y gritos breves. Algo que después perfeccionó Joxemari Bakero.  De este modo ganó tres ligas, dos con la Real y una con el Barcelona. Enrolado en el Barça cosechó una Copa y una Supercopa. Internacional indiscutible, hasta su crepúsculo fue brillante: consiguió ascender con el Sabadell y ser el máximo goleador del club en Primera División; con más años que maricastaña y en el puesto de centrocampista defensivo. Un verdadero crack.  Sin embargo, la trayectoria del que parecía menos talentoso de sus dos hijos futbolistas ha pasado sobre todo esto como un tsunami. Xabi Alonso, el hijo del Txatarrero, pulió con esmero cada una de las características que definían el fútbol de su padre hasta llevarlas a la excelencia. El mejor futbolista vasco de la historia, hasta la fecha, ha formado parte de clubs ganadores.
Casi siempre, a pesar de los figurones que le han rodeado, ha oficiado de entrenador sobre el césped. Y eso es muy difícil cuando se trata del Liverpool, el Real Madrid o el Bayern Múnich. Así, ha logrado una FA Cup, una Community Shield, dos Copas del Rey, una Liga, una Supercopa, dos Bundesligas, una Copa de Alemania, una Supercopa de Alemania, dos Ligas de Campeones, dos Supercopas de Europa, dos Eurocopas y un Mundial.
No cito los subcampeonatos y segundas plazas de un historial que, seguro, mejorará antes de terminar 2017 y retirarse. Xabi Alonso está a tiempo de inscribirse entre los veteranos del Athletic Club para poner broche de oro a una carrera casi perfecta.   
Por José Javier Gamboa,

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