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La mestallización y las redes sociales

El sevillismo reconoce la temporada de su equipo (Foto: Kiko Hurtado).

La selectividad de la memoria hace que los seres humanos olvidemos muchas de las cosas que nos pasan y sin embargo otras perduren en nuestra base de datos para siempre. A veces sucede de una forma incontrolable, sin atender al sentido de la importancia. Incluso hay quienes almacenan recuerdos negativos antes que los positivos, aunque estos sean más. Algo parecido nos ocurre con las redes sociales, donde le echamos cuenta a lo minoritariamente negativo por encima de lo mayoritariamente positivo. Tampoco nadie sabe por qué. En el caso del fútbol, la proliferación de twitter y whatsapp nos ha llevado a un bombardeo inagotable de opiniones y análisis de todo tipo. Si hace 15 años un pospartido tenía su punto álgido en la barra de un bar o en la intimidad de un salón, ahora es multitudinario y constante a través de las redes sociales.

En ellas el proceso selectivo no lo protagoniza la memoria, sino nuestra consciencia. ¿Cuántas veces ha escuchado usted que las redes sociales son un estercolero? Tantas como un servidor, seguro. Normalmente eso lo dice quien no ha tenido la capacidad de separar el trigo de la paja. Haga una reflexión con el siguiente ejemplo. Alguien escribe un tuit que leen, por ejemplo, 1.000 personas. De ellas, reaccionan al mensaje 100: 30 han retuiteado su contenido, 50 le han dado a 'me gusta' y 20 han contestado. De estas 20, imaginemos que diez personas mostraron su desacuerdo, cinco de ellas profiriendo insultos. Esos cinco maleducados representan una absoluta nimiedad. Sin embargo, nos encontramos con un usuario que probablemente cometa el error de cabrearse durante el resto del día y maldecir a twitter. Todo por un 0,5% del total de personas que leyeron lo que escribió. Ni siquiera un 1%, por contextualizar.

¿Y qué tiene que ver esto con el fútbol? Bueno, en la vida del periodista deportivo sevillano, bastante, pues hay que situarlo en una ciudad en la que si te sales un poco del forzado equilibrio que dicta lo políticamente correcto salta enseguida el resorte del complejo. Pero vayamos al grano. Si en las redes sociales hay que saber contextualizar a los maleducados, que no son más que en la calle y que por tanto no debemos hacerles más caso del debido, también hay que saber cuantificar a los exaltados futboleros.

En el caso del Sevilla FC, un paseo por twitter después de una derrota nos haría dudar sobre si Julen Lopetegui podrá o no pasear por la calle sin que le agredan. Es lo que muchos llaman la 'mestallización' del sevillismo. Un concepto quizás injusto con el valencianismo pero que hace referencia a su tremenda exigencia, muchas veces vista desde fuera como desproporcionada. Sin embargo, la realidad por Nervión es diferente. Lopetegui no sólo puede pasear sino que es probable que lo haga en volandas. Un chillido en una grada entra en diez oídos y sale por otros diez. Ese mismo grito escrito en 240 caracteres llega a muchísimos más de diez ojos. Siempre pensé que si querías que tu opinión fuera escuchada y difundida mejor escribirla en la pared de la ciudad deportiva que chillarlo al vacío desde tu asiento. Pues esto es igual. Se trata simplemente de cuantificar y catalogar las cosas en su justa medida.

El lamento desenfrenado de una minoría por no haber llegado el Sevilla FC a esas diez victorias finales, que tampoco le hubieran dado la Liga, ha recuperado el término 'mestallización'. Y si le unes el mano a mano de En-Nesyri ante el Bayern o el despeje de Diego Carlos contra el Barça, más aún. Y es aplicable también a quienes siguen despotricando del entrenador no se sabe bien por qué. Pero hablar de 'mestallización' del sevillismo creo que es un análisis muy alejado de la realidad. Y no sólo por la reflexión ya expuesta de saber cuantificar a las minorías ruidosas, sino porque la propia hinchada del Sevilla ha evidenciado mil veces un comportamiento distante de esos delirios de quien se cree más de lo que es. Y sigue haciéndolo, como este domingo antes de la última batalla.

Lopetegui, ante el Éibar (Foto: Kiko Hurtado).

El sevillismo que he visto y seguido en estos 15 años de gloria recuperada ha mostrado, a mi juicio, una actitud perfecta. Esto es, fidelidad y animosidad en las gradas propia de su idiosincrasia pero con el contrapeso de la exigencia heredada y asumida, alejada de la pandemia de excusitis. Sin pasarse por ninguno de los dos extremos. La mezcla perfecta de pasión sureña desatada por su carácter rebelde pero sostenida por una poco habitual madurez en los análisis. Una madurez que, afortunadamente, no se ha 'mestallizado' por la sobredosis de títulos.

¿Hay mayor evidencia que la de este domingo? Creo que no. Vítores de triunfo romano a un equipo que no ha ganado ni una sola de las guerras que emprendió, pero que regresa a casa exhausto, con la cabeza alta y sabedor de que muy pronto pedirá que abran de nuevo las puertas de la ciudad para salir a librar la siguiente batalla. Si la afición del Sevilla FC cambia algún día, aquí se escribirá, pero por ahora sólo queda aplaudir su madurez, la necesaria para saber enjuiciar con justicia las redes sociales, a las que muchos se empeñan en ver como un estercolero cuando en verdad son un simple altavoz de todo. Y todo no es malo en la vida, al revés.

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  1. Ratón Colorao

    Gracias por tu artículo leyéndolo se entiende ,la exigencia del SEVILLISTA sabiendo de dónde venimos y hacia donde keremos ke nuestro ekipo vaya , CHAPO por el artículo y enhorabuena a todos los SEVILLISTAS por esta Gran temporada exhaustiva ,sin descanso con 3 competiciones y aún así sin tocar plata ,nos sentimos orgullosos y llenos de gozo por ver a nuestro Sevillafc ke se ha dejado el alma por llegar a lo más alto ,lo dicho CHAPÓ por el artículo, gracias .Un saludo en rojiblanco para todos y deseando ya ke empiece la nueva temporada una ilusión tremenda .

  2. Manuel Muñoz ortega

    Perfecto análisis de la situación que se vive en el sevillimo. Enhorabuena