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Qué pena que termina el Eurobasket: ¡El equipo, el equipo!

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Toni Garzón Abad

El Eurobasket 2022 se termina. Seguramente demasiados partidos anodinos. Sí, seguramente demasiados equipos en competición. Sí, seguramente un Campeonato demasiado largo. Y la asistencia del público a los pabellones se resiente. A veces las cifras han sido ridículas, indignas de todo un Campeonato de Europa. Pero, ¿quién seremos nosotros para quejarnos del eco que atronaba los pabellones?

La FIBA quiera hacer extensivo el baloncesto. De acuerdo. Cuantos más personas lo practiquen y lo vean, mucho mejor. De acuerdo. Pero que no transitamos por el mejor camino, también está “clarinete”. Que le den una vueltilla al formato de competición aquéllos que se juegan el sueldo en los resultados, no tanto deportivos, como económicos.

Antetokounmpo convierte el Eurobasket en la NBA en un minuto de locura
Antetokounmpo convierte el Eurobasket en la NBA en un minuto de locura

A mí nadie me ha llamado para deshacer entuertos. Así que me he sentado en el butacón y he visto los partidos que he podido. Cuando me he coñado, he apagado la tele. Y el resto, como diría el poeta, no es asunto mío. Pero sí que entre bambalinas hay algo que ha llamado poderosamente la atención.

Y es el triunfo de Equipo sobre las Individualidades. Claro, me diréis, estamos en Europa y no en el coto NBA. Allí las Estrellas brillan con luz propia. Es el reino de los Elegidos.

Fijaos cómo el propio Alcaraz, después de apabullar en el US Open, se ha quitado de encima ese sambenito de “elegido” que la prensa americana le quería colgar. Él no es un Elegido. Él es el fruto de un concienzudo y durísimo trabajo en equipo. Sin el Equipo, él no habría ganado.

Monumental bronca de Sergio Scariolo a los árbitros.
Monumental bronca de Sergio Scariolo a los árbitros.

Y en el Eurobasket ha pasado algo similar. En el baloncesto FIBA los Elegidos, las Estrellas naufragan, nos enseñan todas sus miserias: la patética despedida de Giannis, los ojos humedecidos y las pataletas de niño-mal-criado de Luca, la desorientación hercúlea de Jokic.

Y para qué seguir. Mientras a estas “estrellas” no les entre en la cabeza que están en Europa, compartiendo vestuario con jugadores casi-tan-consagrados como ellos (no en vano todos han sido seleccionados como los mejores jugadores de los países a quienes representan), terminarán “estrellados”, y perdón por el facilón juego, ahora, de palabras.

El esloveno Luka Doncic eufórico en un Alemania-Eslovenia del Eurobasket 2022.
El esloveno Luka Doncic eufórico en un Alemania-Eslovenia del Eurobasket 2022.

Aquel primer Dream Team que nos deleitó en las Olimpiadas de Barcelona debería servir como ejemplo. Nunca hubo tantas Estrellas, tantos Elegidos sobre una cancha de baloncesto. Pero el coach, el mítico Chuck Daily, consiguió hacer de ellos un Equipo. Y así el Dream Team, el Equipo de Ensueño, consiguió colgarse el oro.

Sin embargo, las Estrellas y los Elegidos que han pululado durante estos (¿Interminables?) días por los diferentes pabellones que ha visto el Eurobasket 2022, no se han enterado todavía. Esto es Europa. Pero siguen a lo suyo. Ni siquiera Air Jordan se puso en el dedo su primer anillo hasta que no se dio cuenta que los Pippen, Grant y Paxson estaban ahí a su lado, y con sus mismos colores, para algo más que para hacer bulto. Cuando comprendió que también ellos eran Equipo, que formaban parte de su Equipo, las cosas cambiaron, ¡y cómo!

Claro que esto es una historia que a muchas Estrellas y Elegidos les cuesta asimilar.

Los egos de Doncic, Gianis y Jokic, por continuar con ellos, son mucho ego. Pero que me escuchen, mientras no decidan disolver esos egos y juntarse con el resto del Equipo, no irán demasiado lejos. O no más lejos que el sonido de sus lloriqueos de niños mal-criados, multimillonarios y engreídos no, lo siguiente. Mientras no aprendan que el dinero no deja de ser un accidente, una consecuencia por un trabajo, que sin Equipo, nunca estará bien hecho, no sacarán nunca nada en claro.

Y puede que Dios se disfrazara de jugador de baloncesto. Lo hizo en el Boston Garden en 1986 metiendo 63 puntos al equipo local. Pero no olvidemos que hasta 5 años después el mismísimo Dios no se puso en uno de sus dedos el Anillo de Campeón de la NBA, cuando se dio cuenta que sin un Equipo (Chicago Bulls), ni Él, ni Dios puede ser campeón de nada.

· Por Toni Garzón Abad, escritor y director de cine

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