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CICLISMO TOUR

Mollema, la tranquilidad entre libros


Domingo, 16 Julio 2017 20:21

En-Velay (Francia), 16 jul (EFE).- Bauke Mollema (Groningen, 30 años) logró su primera victoria en el Tour de Francia en su séptima participación, un excelente golpe de moral para el holandés y para el Trek.

El hombre tranquilo, devorador de libros, llevó la sonrisa al equipo de Alberto Contador.

El ganador de la Clásica de San Sebastián en 2016 es uno de los corredores que han despertado la ilusión del ciclismo holandés junto a Tom Dumoulin, ganador del Giro.

En aquel país sueñan con el podio del Tour, ya que hace 17 años que ningún compatriota sube al cajón de los Campos Elíseos. Desde 1990, cuando Erik Breukink fue tercero por detrás de Greg Lemond y Claudio Chiapucci, no se ha visto un "tulipán" en París.

Con mucha calidad en sus piernas, a Mollema le queda dar el paso de calidad. Llevó los galones del Trek en el Giro, pero no pasó de la séptima plaza. Ya en edad madura, no se resigna e insiste en probar el podio del Tour.

Un objetivo que espera mientras devora libros y mantiene la serenidad lejos de cualquier distracción tecnológica, aunque ya se le ve algo "enganchado" al teléfono móvil en los pasillos del hotel. Un personaje curioso en el pelotón mundial.

Mollema es larguirucho y delgado (1,81 metros y 64 kilos), es un chico de costumbres poco habituales en los tiempos que corren. De formación universitaria, es un apasionado de la lectura. En la edición de 2016 del Tour leyó 8 libros, sobre todo novela. En ningún caso sobre ciclismo.

Mollema tiene su forma de escapar a la tensión de la competición. Mollema apenas usa ordenador, no abusa del teléfono y se evade en el hotel entre libros y buscando la tranquilidad, lejos de cualquier ruido.

Reside en Mónaco, tiene pareja, Jane, pero no está casado, y es padre de dos hijos, niño y niña. Como dice él: "Soy holandés".

Que Bauke Mollema sea un hombre calmado, incluso tímido, no significa que siempre mantenga el silencio. Al holandés no le gustó que los jueces igualaran su tiempo con el de Froome en el Ventoux, aquel día que fue derribado por una moto cuando iba a por la victoria. Habló claro y alto. "¿Qué hubiera pasado si el que se cae soy yo?, reclamó.

Mollema comenzó a montar en una bicicleta de paseo, no de carreras o de montaña, cuando era adolescente. Hacía todos los días 12 kilómetros de casa al colegio y viceversa. Él era un buen atleta y en su familia se respiraba el deporte. Practicó hockey sobre hielo, patinaje, tenis y fútbol.

Su primer club ciclista fue el Groningen, en cuya ciudad empezó su formación definitiva. Con 16 años empezó a hacer excursiones largas y finalmente su primera carrera la disputó a los 18.

Con 20 años no pasó inadvertido a los ojos de Louis Delahaye, quien le dio la gran oportunidad de entrar en las filas del Rabobank. En España se dio a conocer ganando una etapa en la Vuelta a León 2066 y un año después el Circuito Montañés. El mismo año la promesa se convirtió en una joya a tener en cuenta y ganó el Tour del Porvenir.

Tras dos años en la penumbra por lesiones y una mononucleosis, logró el cuarto puesto en la Vuelta 2011, en la que se vistió de líder.

En el Tour de 2013 fue sexto y dos años más tarde, séptimo, ya en las filas del Trek. Inició una racha de buenos resultados que le permitieron contar entre los favoritos. En 2013 fue sexto, décimo en 2014 y séptimo en 2015.

El hombre tranquilo, casi inmutable, de no muchas palabras cuando comparece en sala de prensa, empezó el año de la mejor manera, ganando el Tour de San Juan. En el Giro del Centenario el intento fue fallido.

Siguiente parada, el Tour, como gregario de Contador. Entre novela y novela llegó el triunfo de etapa. Felicidad, pero ante todo, tranquilidad.

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